domingo, 22 de marzo de 2020

¿Te falta algo que leer? Aquí el resto de cuentos antes que este

Como prometí en instagram cuando llegaramos a las 30000 visitas, daría vida a uno de los personajes que me pidierais.
Aquí esta el principio de su historia.
aquí puedes empezar a seguirme en instagram.

Debido a la situación que estamos viviendo en España con el virus (COVID 19) que se esta paseando por todo el mundo y con el estado de alarma en el que estamos inmersos en mi país y en muchos otros, he planteado hacer esta semana un directo en instagram. 
Estoy pensando en hacerlo el miércoles 25, así que únete a mi en aquél mundo bruj@ y lob@.

Y ahora disfruta del nuevo cuento:

 CAPÍTULO 10: LOS MISTERIOS DEL DESIERTO. 


Merlín había abierto el paraguas para que el sol no le diera en los ojos. Nunca había sentido tanto calor y además estaba totalmente perdido. Había dejado atrás su cabaña, el bosque, los árboles y ahora andaba luchando contra arena para abrirse paso y encontrar el camino que lo llevaría al origen de aquella música, que ahora se le antojaba infernal. ¿Su sentido de la orientación? Nunca había tenido mucho, él siempre andaba con miles de pensamientos y olvidando dos mil ciento uno.
Miró al cielo, Arquímedes volvía a refunfuñar sobre su hombro y ya ni siquiera se entretenía en oír lo que murmuraba.
Tarareó una melodía al azar, quizás de algún recuerdo que no se había borrado del todo en su mente pero que no conseguía situar y alejó durante unos instantes el irritante sonido que no paraba de penetrar en sus pensamientos, como si sólo existiera eso en la vida. Empezaba a odiar esa música y gimió de frustración. El búho puso los ojos en blanco.
-Eres mago ¿no puedes hacer simplemente que desaparezca?
Merlín giró el rostro hacia él y se colocó la gafas mientras asentía.
-Soy mago ¿no? Claro, por supuesto. Eso lo puedo hacer.
Su entrecejo se arrugó.
-Pero ¿cómo lo hago?
El búho bufó.
-Canta tu otra canción.
Los ojos del mago se abrieron de par en par. Era una buena idea.
-Hokipi...-murmuro la otra melodía que oía en su cabeza, aunque no se sentía seguro- En realidad no sé que podría cantar ¿O sí?
Se arremangó casi tirando a Arquímedes y durante unos segundos guardó silencio para escuchar a su interior, después sus labios empezaron a moverse y el sonido tardó unos pocos segundos más en aparecer.
-Hokipi Pokiti, hokipi pokiti, hokipi pokiti... - repetía sin cesar y poco a poco surgieron más y más palabras, hasta que empezó a bailar y cantar, todo a la vez, cada vez más liberado, más consciente, aún sin recuerdos, de su propia esencia. Cerró el paraguas y lo movió a su son, se sentía divertido, con ganas de saltar y jugar. como si hubiera rejuvenecido años y por fin, sin darse cuenta, dejó de oír aquella otra melodía que volvía loca su cabeza y grito de felicidad.

-¡¡Arquímedes ya no la oigo!! Soy libre por fin ¡libre!
Dio patadas a la arena, se enterró sin querer hasta la rodilla y volvió a saltar saliendo de ella. Hasta que de golpe, en una de esas cabriolas, se golpeó el pie con un objeto duro y muy brillante.
-¡Auch!
Se frotó la piel dolorida y se acuclilló frente al objeto dorado sin atreverse a tocarlo pero con deseos de hacerlo.
Alargó la mano, la alejó y volvió a alargarla hasta que cogió ese brillo entre las manos y lo observó con el ceño fruncido. ¿Qué era aquello?
-¿Qué es Arquímedes?
-De por aquí ya te digo que no.
-¿De por aquí? Estamos en otro mundo, vieja rapaz loca, hemos salido del nuestro ¿qué será?
Se lo acercó a la oreja.
-¿Hay alguien ahí? - oyó que salía una voz desde dentro. Merlín casi soltó la lampara del susto.
-Este cacharro habla Arquímedes. -El búho lo miró desde lejos, había salido volando nada más oír esa voz enlatada - ¡Hay alguien encerrado aquí dentro!
-Suelta eso y vayámonos de aquí, el mundo se ha vuelto loco y da miedo.
-Ven aquí cobarde, tenemos que sacarlo de ahí dentro.
Sacudió la lampara intentando que el huésped cayera desde dentro al suelo cubierto de arena fina.
Pero no cayó nada, tan sólo volvió a oírse aquella voz gritando, casi imperceptible.
Merlín se sentó en la arena, su piel oscura aún lo parecía más después de tanta exposición al sol, los chorros de sudor le caían desde la frente hasta el cuello y se perdían por debajo de la túnica azul, pero aquello no parecía importarle, el enigma de aquél objeto exótico había ocupado toda su atención y el calor había había pasado a un tercer o cuarto plano.

Quizás pasaron horas, el sol comenzaba a esconderse y llevaba rato sin escuchar murmullos dentro de aquél metal.
-¿Se habrá muerto?
Arquímedes ni siquiera lo miró, estaba metido dentro del maletín con tan sólo una franja abierta para mirar al mago, pero si bostezó.
-¿Crees realmente que algo que está ahí metido se va a morir porque tu no lo saques? A lo mejor es como este maletín, que lleva toda tu casa dentro. A lo mejor vive en un palacio lleno de fuentes de agua fresca y comida a la que solo unos privilegiados pueden acceder.
-O una cárcel.
-Tu siempre tan optimista. - bufó
-Que no haya entendido lo que decía no implica que no reconociera un grito pidiendo ayuda. Una persona que esta a gusto en un palacio lleno de fuentes y comida no grita al oír una voz en el exterior.
Su compañero siguió mascullando dentro del maletín y él siguió dándole vueltas a la idea de que aquello fuera una cárcel.
¿Podría sacarlo cómo había hecho desaparecer la música del interior de su cabeza?
Miró hacía el cielo que se cubría de estrellas, en el horizonte quedaba aún el asomo de un sol rojizo que se escondía, pero hacía rato que no se limpiaba el sudor de la frente y eso le sorprendió. Una brisa fría le recorrió la nuca y supo que tenía que darse prisa.

Dio varios toquecitos al metal, como si llamara a una puerta y susurró muy cerca de la apertura.
-No te preocupes, te sacaré de ahí como sea.
Dejó la lampara en el suelo, volvió a remangarse pese al frío que empezaba a provocarle escalofríos y dijo las mismas palabras que había usado hacía unas horas. Nada.
-¿Y si pruebas a usar la varita? - soltó de forma despectiva su compañero.
Merlín asintió y sacó de un bolsillo interior la madera que tan perfectamente se amoldaba a su mano. Unos giros de muñeca, unos estiramientos, un poco de concentración...
Sacudió la cabeza.
-No sé lo que estoy haciendo.
El búho voló hacia él llevando consigo la maleta y le dio un golpe con el ala.
-¡Espabila! Concéntrate, olvídate de lo que hay a tu alrededor y fija tu intención en esa cosa rara que parece para servir el té. Piensa en su forma y siente al mago que eres dentro de ti. Déjate de tonterías.
Merlín lo miraba sin dar crédito y creyó que se sonrojaba por el calor que le subió a las mejillas de golpe, llevaba razón. Debía sentir al mago que llevaba dentro.
La luz era un línea fina en el horizonte y ya empezaba a entremezclarse de azulón y negro. Las estrellas sobre él brillaban con intensidad y pudo ver reflejada en la lámpara la vía láctea. Se concentró en las formas, en lo fría que era al tacto, en lo pulida que estaba y en que parecía oro de verdad. Se fijó en la forma y la imaginó igualmente por dentro, pero con más colores y con una luz cálida, allí no hacía ni frío ni calor.
Su muñeca dio varios giros sin que él pudiera controlarla, después un toque, unas palabras susurradas que se grabaron a fuego en su mente y que lo conectaron con la magia que vivía en él y...
Cuando abrió los ojos no había cielo, no había arena, si no un suelo cubierto de alfombras y un techo dorado con telas de mil colores colgando de cada rincón.
-¿Dónde estamos Arquímedes?
Lo buscó a su lado, el búho se tapaba los ojos con las plumas y movía la cabeza de un lado para otro.
-En mi casa - dijo una voz cantarina.
Levantó los ojos y se encontró a un ser del color de su túnica.
-No sé como habéis conseguido meteros dentro - se paso una mano por una calva tan azul como el resto de su cuerpo.
Merlín se mordió el labio levantando la mano.
-Culpable.
El otro ser se acercó a él flotando por encima del suelo, no tenía pies. Se tocaba la barbilla mientras giraba alrededor del mago y el búho, pensativo, haciendo más pequeños son ojos grandes. Interesado y cavilando.
-Encantado, culpable. Soy el Genio de la lámpara y si habéis entrado, supongo que podrás sacarnos de aquí.
Un sillón apareció de la nada y el genio se sentó en él soltando una gran carcajada.























lunes, 10 de febrero de 2020

Para ponerte al día y leer desde el comienzo, pincha aquí




CAPÍTULO 9: LAS OLAS HABLAN DE DOLOR

Desperté rodeada de lujos, entre muebles, suelo y techos blancos. A la luz del sol que se filtraba por entre los ventanales, toda la estancia parecía brillar, como si hubiera muerto y hubiera despertado en aquél lugar que llaman cielo. Pero como todo lo que pasa en la vida, cuando enfocas la vista te das cuenta de que todo no son brillos y purpurinas y yo me topé con una estantería llena de tarros que encerraban corazones... 

(Hago una pausa para que nadie se escandalice. Quizás os preguntéis porque estás historias son a cada capítulos más sombrías ¡Hablamos de personajes de cuento! ¿Verdad? 
Pero todos los cuentos tienen una raíz oscura, un origen turbio que pretendía moralizar y enseñar. Pero se supone que en este siglo ya lo sabemos todos ¿no? No necesitamos aprender más, por lo que, ¿porque no mostrar lo que hay oculto dentro de nosotros mismos?
La Reina de Corazones siempre fue un tanto incomprendida, cómica incluso, nadie entendió nunca que fue el dolor la que la llevó hasta donde llegó; aunque tod@s la conozcamos por un conejo y una niña que cayó por un agujero a través de un árbol. 
Cuentan que el sufrimiento la hizo volverse así, que la pena, la hizo arrancarse el corazón y guardarlo en un cofre muy lejos de ella...
No, espera, eso no fue lo que pasó, eso lo he sacado de una película de piratas ;-) 

En realidad es una historia muy antigua, polvorienta y olvidada que habla de una tristeza profunda e intensa; hace tantos y tantos años de esto que no se sabe el verdadero motivo. Me atrevería a afirmar incluso, que ella ha olvidado el quien y que sólo siente el dolor en el pecho, en las articulaciones, en el peso de los ojos llenos de lágrimas, en la pena que la paraliza y que ha oscurecido todo su ser hasta el punto de dejar de ser quien era, para sólo quedar fantasmas, odio y sombras. 
Si eres una persona romántica puedes pensar en una traición o en la muerte de un amor idílico; pero puedes buscar cualquier motivo que tape los agujeros de esta leyenda sacada de un arcón a la luz de una hoguera. ¿Qué mas da? Lo verdaderamente importante es, como bien sabéis, que una reina sólo tiene el poder que le dan sus súbditos, y el oro, por supuesto. Ella no tenía magia, pero cuentan (en todas las buenas leyendas hay una) que sus consejeros al verla tan destrozada le hablaron de una bruja que vivía a las orillas del mar, y que con su magia podía, sin duda, aliviar cualquier mal. 
Lo que no le dijeron es que cualquier ritual, cualquier deseo y cualquier tipo de magia requiere un sacrificio. Y la reina, que no estaba acostumbrada a no conseguir lo que deseaba, acepto sin duda lo que la bruja le ofreció. ¿Y que fue? Os preguntaréis.  
Para aliviar el dolor de un corazón marchito lo que necesitas es alimentarte de otro corazón lleno de dicha, de alegría, de felicidad...En realidad da igual de que sentimiento este lleno el otro corazón, siempre y cuando te alivie tu dolor. 
Y así lo hizo, querid@s. No eran cabezas lo que la reina necesitaba, si no corazones, pero supongo que con el paso de los años cualquier dato se transforma y deforma. Y resulta mas sangriento pensar en una reina comiendo corazones que una reina loca que pide que le corten la cabeza a cualquiera que le lleve la contraria.
Y ahora queridos lob@s y bruj@s, después de esta pausa y de entender a nuestra Reina de Corazones, continuaré con la historia...)

Me llevé la mano al pecho y volví a tumbarme en el suelo, el frío de las baldosas en la cara apenas alivió el dolor intenso de mi pecho. Quise llorar, aunque no entendía porque y cerré los ojos y los puños con fuerza ¿de dónde venía aquella angustia? Me recogí la falda, tan negra en contraste con el blanco; no conseguí estirarme por la fuerza del sentimiento en mi pecho pero me puse como pude en pie. El eco de una música parecía querer sonar dentro de mi cabeza, pero el murmullo de una voz llorosa y oscura, un poco siseante también, eclipsaba cualquier nota musical.
Miré la estantería de corazones dentro de los tarros, tan brillantes que casi parecía que palpitaban y me estremecí. Una parte de mi quería huir y la otra acercarse y admirarlos como diamantes de un valor incalculable.
Me alejé, en parte huyendo de esa fascinación morbosa y por otro, deseando deshacerme del nudo del pecho y de la garganta, que me paralizaban y me impedían tragar.
Anduve por los pasillos, apoyándome en cada pared hasta que por fin, después de lo que me pareció un tiempo interminable, conseguí erguirme y salir al exterior. El pelo lacio me caía a ambos lados de la cara, metiéndose en mis ojos por la brisa; frente a mi, un muro hecho de arbustos frondosos y entrelazados parecían crear un laberinto del que no sabía si podía salir.
Corrí, impulsada por una desesperación incomprensible y me perdí a los pocos minutos de meterme en ese laberinto. Me agarré a los muros vegetales, lloré, con rabia y dolor, agobiada y llena de miedo y cuando caí de rodillas frente al hueco de salida, me di cuenta de que mi miedo no estaba provocado por la sensación de estar encerrada, sino por el ser que sentía vivir en mi interior; una serpiente retorciéndose en mis entrañas, notaba el palpitar de su pulso y su voz desmoralizante atormentándome con dureza. No entendía los motivos, las palabras a veces eran ajenas y aún así, la dureza y el veneno que había en ellas me ahogaban. Vi el mar a muchos metros frente a mi, oí el rugido de las olas y quise acabar con la voz, con el pesar y los nudos que me oprimían con lentitud.
Cogí aire pero no corrí, anduve hacia el agua con seguridad, como si aquél acto fuera mi única salida. La música volvió a sonar en mi cabeza y volví la cara hacia atrás, como si ese sonido me instara a ir hacia otro lado, pero la voz volvió a sisear, a doler y el agua lamió el bajo de mi vestido, avancé un paso más, me cubrió las rodillas y la cintura. El frío me dejó sin aliento, retuve el aire en el pecho y dejé de escucharla, aunque la música continuó.
Di un paso más, mi pelo ondeó como las algas alrededor de mi cuerpo, tiritaba de frío y la ropa mojada empezó a tirar de mi hacia las profundidades.









sábado, 1 de febrero de 2020

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CAPÍTULO 7: SÓLO TENEMOS EL PRESENTE

Bailando me siento bien y aquél lugar se había convertido en una discoteca improvisada con música que se metía en el corazón y te hacía moverte al ritmo que imponían aquellos enanos.
El hombre que tenía enfrente con ojos de gato se movía divinamente, me enganché a él y me pegué a su cintura ¡me sentía tan viva! el mundo era mío aunque no supiera quien era o que hacía antes de ese momento. Pero aquél presente era bueno y el presente era lo único que importaba.
Recordé la piel de lobo que había guardado en la habitación, me había despertado al lado de ella y no se me había cruzado por la mente la idea de desperdiciar esa belleza por la que me darían bastante oro.
Miré los ojos turquesas, no, amarillos; no, nuevamente turquesas, de ese ser extraño y me mordí el labio. Me gustaba su conversación y la locura que trasmitía. Me acerqué a su cuello y deposité un beso y un lametazo suave que lo estremeció. Se pegó un poco más, aunque creo que era imposible que nuestros cuerpos estuvieran mas unidos. Correspondió mi beso con un guiño y rozando en una caricia sensual mi cadera. El presente, sólo existía el presente y en el, solamente estaba la piel de lobo y aquél ser.
Lo cogí de la mano para llevármelo a la habitación cuando se abrió la puerta y el ruido cesó. Todos miramos hacía fuera y vimos el brillo de su vestido y el rojo de su pelo.
"Sirena" sonó una voz en mi cabeza. Miré como brillaban las escamas de su vestido, que parecían cosidas una a una con una delicadeza sobrehumana. Magia, pensé y sonreí para mis adentros sabiendo que iba a hacerme con ese vestido para venderlo en el mercado negro. "¿Mercado negro? repetí en mi interior, pero me encogí de hombros. No recordar todo no significaba no tener retazos e información de todo lo que anteriormente había vivido. Estaba segura de que había sido una verdadera pieza.
-¿Cómo te llamas? - Susurré en la oreja puntiaguda de mi acompañante. El presente, todo era el presente.
Sus ojos se achicaron en actitud burlona.
-No me quieres por mi nombre si no por lo que te ofrezco -dejó de mirar a la nueva huésped y me dio una vuelta sobre mi misma - Pequeña Caperucita, tienes claro al sitio al que quieres llegar por lo que, como yo no lo tengo tan claro, creo que seguiré tu camino. Me llamo Cheshire.
Me hizo una reverencia y el poder que me dio me hizo sonreír con descaro, agarrarlo de la mano y subir las escaleras hasta mi habitación con él justo detrás de mi. Le haría olvidar la imagen de aquella sirena y grabaría la mía a fuego en su retina y en su piel.




CAPÍTULO 8: LA VENDEDORA AMBULANTE

Tirar del carrito le resultaba molesto, sabía que podía hacer magia y hacerlo más ligero pero le restaría realidad a su papel de anciana ambulante y al menos eso lo tenía que hacer bien. Suspiró y meneó la cabeza de un lado a otro, no entendía como había acabado así, cuando todo iba tan bien... Escuchó el crujido de unas ramas y siguió avanzando por el camino, esperaba encontrarse a todos y cada uno de los personajes descarriados. La sorprendió un hombre de media melena castaña y con un arco colgado a la espalda. ¿Quién de todos los príncipes sería? Lo observó avanzar, todos le parecían iguales pero al menos ese no llevaba el pelo recortado y rubio. Frunció el ceño, se volvió hacía su carro mientras él avanzaba hacia ella y miró en el interior de la bola que tenía medio oculta entre hierbas y trapos. Atisbó un cisne sobrevolando las brumas del cristal y se golpeó la frente al sentirse tan tonta. ¿Dónde estaría Odette?
-Disculpe señora.
Ella se volvió con su sonrisa más tranquilizadora.
-Dígame joven.
Parecía confundido, abrió la boca para hablar pero volvió a cerrarla y nuevamente la abrió.
-Sé que estoy buscando algo, pero no tengo claro que y me pregunto si además de a mi, ha visto usted algo que me pueda indicar hacia dónde dirigirme. - Se tocó el pelo y miró a su alrededor - ¿Escuchas la música? No he parado de oírla desde que desperté, me ha traído hasta aquí.
Se encogió de hombros, mientras ella se enfurecía. Que siguieran escuchando aquella música infernal no le gustaba.
-Yo no oigo nada, pero claro, a mi edad ya no estoy tan fina como antes. Aún así, aquí tengo un producto que te ayudará para que no sea tan molesto.
Sacó unos polvos de un saquito y los espolvoreó por encima de su cabeza.
-No es molesto sólo que... - y dejó de hablar mientras estornudaba. Abrió los ojos y volvió a mirar a su alrededor - Cierto, ya no escucho nada. Sea lo que sea que hayas hecho es increíble.
El Hada Madrina sonrió con suficiencia, al fin y al cabo a todos nos gustaba ser adulados de vez en cuando.
-Joven, aquí tengo algunas cosas más que podrían serte de gran ayuda en tu camino. Pero tienes que indicarme como puedo ser de ayuda.
Abrió cajones y puertas del carro, como bolsillos escondidos dentro de la capa de una bruja. Los tarros brillaron a la luz del sol.
-¿Cómo puedo saber que necesito si no se nada de mi? Me he despertado con este arco a la espalda y unas pocas fechas. ¿Estoy de caza o me estoy protegiendo?
Se le veía tan perdido que Hada Madrina sintió compasión de él, pero no podía enseñarle su camino, sólo guiarlo y esperar que él mismo encontrara su destino. Que frustrante resultaba.

-Tengo un ungüento, joven caminante, que si te lo frotas en el pecho, tu corazón te indicará los deseos más profundos y enterrados que tengas, como una brújula. Bombeará más rápido cuando estés cerca de aquello que ansías. También tengo una poción que debes echar en un bol con agua en luna llena y te mostrará la imagen de aquello que vas buscando para que te sea más fácil la búsqueda - lo observaba mirar con ansiedad cada tarro - Un perfume que atrae hacia a ti el amor verdadero. Un tónico para ver las intenciones de los demás....
Se echó un par de pasos hacia atrás.
-No tengo ni idea, cuanta información mujer. - Hada Madrina sonrió con paciencia - Además no tengo con que pagarte.
-No te preocupes joven, no necesito pago, sólo una promesa.
El príncipe Derek ladeo la cabeza y después asintió.
-Recibiré lo que me des con gusto y cumpliré mi promesa.
Hada Madrina sacó la poción de luna llena y se la entregó junto a unas campanillas que debía colgarse al cuello.
-Recuerda, este tónico tienes que echarlo en un bol de agua reflejando la luna llena y verás una imagen de aquello que buscas; estas campanillas te servirán para cuando necesites ayuda, hazlas sonar y algo o alguien te ayudará. Y ahora, prométeme - se acercó a él y le cogió las manos entre las suyas - que por mucho que te sientas tentado, no entregues tu arco y sus flechas a nadie, aunque te den algo a cambio, no te deshagas de tu arma, de aquello que te representa. ¿Me lo prometes?
-Te lo prometo, anciana - dijo llevándose la mano al corazón - ¿Volveremos a vernos?
Ella asintió.
-Siempre que me necesites y recuerda que a veces las apariencias engañan. Abre bien los ojos y encontraras tu destino.

El príncipe se alejó y Hada Madrina soltó un suspiro, encarrilar a todos los personajes iba a ser una tarea muy pesada, sobre todo si Hamelin los encontraba antes.
Recogió el carro y siguió su camino seguida del sonido de las ruedas traqueteando cada vez que se encontraba con una piedra en medio del sendero.

La música del Flautista seguía sonando a través de las árboles y sus ramas retorcidas.














martes, 14 de enero de 2020

Si no has leído todos los capítulos de esta aventura perdida, léelos aquí





CAPÍTULO 6- LAS OLAS DEL MAR NO SON SUFICIENTES PARA HACER PALPITAR UN CORAZÓN



Para cualquiera, despertarse mecido por el oleaje con la mente y las ideas buceando entre tinieblas y sin muchos recuerdos a los que acceder supondría un trauma; pero no para él, que había vivido siempre entre sueños inacabados, amores ahogados en botellas de ron y polvo de hadas; por lo que aquello era un día más intentando empezar de cero, pero sin la sensación de derrota que siempre le acompañaba.

Salió del barco con lo puesto, haciendo caso omiso a las voces que lo llamaban e intentando quitarse de encima al hada que no paraba de echar polvo dorado sobre él. De ella si que se acordaba, aquél bicho que parecía odiarlo y que a pesar de haberlo liberado hacía mucho tiempo, se empeñaba en seguir con él.
-Sígueme si quieres ¡que más dará!
Impulsado por una urgencia que no entendía se internó en el bosque hasta llegar a una posada de aspecto acogedor.
Al menos, pensó, encontraría algo de ron.

Se repanchingó en la mesa más cercana a la puerta, por si la cosa se ponía fea y tenía que salir por patas y miró a su alrededor. El ambiente no estaba cargado y el grupo de personas que lo rodeaba era variopinto y curioso. Sacó su pipa y se puso a fumar, estaba seguro de que podría molestar a alguien y le provocaba cierto bienestar pensarlo. Echó varias bocanadas de humo por la boca y colocó los pies sobre el taburete de al lado. La pequeña hada se sentó en el ala de su sombrero y el resopló ¿por qué no conseguía quitársela de encima?
El posadero se acercó enseguida, mirándolo con los cejas arqueadas y limpiando la mesa antes de colocar un vaso frente a él.
-Si no es ron no lo quiero - se quejó oliendo la bebida.
-Ya que estás como en tu casa - le quito las botas del taburete y se sentó en el - me gustaría aclararte que es la mía y tienes la puerta abierta cuando quieras y necesites, pero aquí, más que pedir lo que crees que quieres, se sirve lo que necesitas. Y créeme, el tequila te ayudará.
El capitán apoyó los codos en la mesa y le echó una bocanada de humo en la cara.
-¿A que me puede ayudar si no necesito ayuda de nadie?
El hada puso los ojos en blanco y movió frenética los brazos intentando alejar la nube que subía de la pipa.
-Los fanfarrones sois los mejores, de verdad. Los que más vacío ocultáis y más tristeza guardáis.
Garfio cuadró la mandíbula y alejó su rostro unos centímetros de los de él.
-¿Quién eres?
El Flautista le acercó el vaso.
-La persona que puede ayudarte a dejar de ser cobarde.
En los ojos del capitán relampagueo la ira.
-No lo soy - estalló echándose atrás en la silla y poniéndose de pie.
El otro ni se inmutó.
-Cierto, el primero en la lucha, el primero en embarcarse en aventuras que no sabe dónde lo llevaran pero ¿quieres que te cuente un secreto? - Garfio frunció el ceño, no sabía si fiarse de él - ¿Ves a toda la gente que hay aquí? Todos han perdido la memoria, todos andan perdidos, desorientados y anhelantes de algo que aún no saben definir. Pero tú, tú eres el único al que le da igual no recordar quién o que eres, porque la vida que has dejado atrás te importa tanto o menos que la silla donde estas sentado. Por lo que...llegados a este punto, ¿crees que lo que te ofrezco puede ser peor que no tener un motivo u objetivo por el que vivir, o algo que defina lo que eres en tu interior?
Garfio enarcó una ceja y soltó una carcajada. Levantó su mano cortada y la mostró.
-Que no tenga recuerdos no significa que no sepa lo que soy. ¿Alguien con el alma blanca y las intenciones puras tendría este aspecto?
Puso el garfio sobre la mesa con un golpe de metal contra madera y su sonrisa se volvió una mueca.
-No me des sermones, tabernero. Algo muy malo tuve que hacer para sentenciar mi destino de esta forma. Es una advertencia para todo aquél que se acerque a mi ¿Tu no lo ves claro? ¿No te parece suficiente definición?
El Flautista puso los ojos en blanco y bostezó.
-Lo que veo es alguien que se conforma con el papel que le han asignado. Alguien acobardado ante la idea de reinventarse y ser algo distinto a lo que todo el mundo espera. ¿Acaso no tienes sueños que te motivan? ¿Anhelos que conquistar?
-¿Y a ti que diablos te importa? ¿Qué pretendes conseguir a través de mi? No me engañas, nadie da sin pedir o conseguir algo a cambio.
Se cruzó de piernas meditando si compartir con él parte de sus ideas y cavilaciones.
-Estaba aburrido de ver como cada día hacíais, decíais y sufríais lo mismo. Como parecíais ratones en una ratonera con los mismos elementos y como resolvíais las mismas dificultades siempre igual. - sacó la flauta y la hizo rodar entre sus dedos - Os liberé, os permití interactuar unos con otros para daros caminos y oportunidades de ser lo que vosotros queráis ser. Así que dime, Capitán ¿que buscas? ¿qué quieres ser? ¿que anhelas?
Garfio no entendía nada, ninguna de sus palabras tenía sentido y aún así algo en su interior se removió. Tenía la certeza, sin saber porque, de que cada paso que diera o decisión que tomara a partir de ahora le iba a hacer recorrer un sendero que nunca antes había pisado. Y esa perspectiva, lo admitiera o no, le emocionaba.
-Supongamos que te sigo el juego, que creo cada cosa que me estas diciendo y que no sé que quiero. ¿Cómo, si no sé quién soy, descubro que no estoy cometiendo los mismos errores que cometí en esa vida que no recuerdo?
Su interlocutor se encogió de hombros.
-No lo sabes, simplemente tienes que seguir tus impulsos y hacer aquella cosa que te haga sentir bien contigo mismo. Fácil ¿no?
La cara del Capitán se quedó impasible.
-Pues no, no es fácil. Y tampoco me has dicho que ganas tu de esta liberación y esta ayuda que brindas.
-De daros la liberación, quizás, gane una apuesta. Y de ofreceros mi ayuda...gano magia.
-Explícate.
El Hada se quedó muy quieta en el ala del pirata, como intentando no llamar la atención del Flautista y que no la cogiera para él. No sabía que él no necesitaba raptar.
-Todos estáis hechos con magia, aunque no todos sois mágicos y aun así, cada cosa que os caracteriza es portadora de una brujería primigenia que me gustaría poseer. - Volvió a encogerse de hombros. -¿Te parece una buena respuesta?
Garfio asintió, cogió el vaso y se bebió el tequila de golpe. Hizo una mueca y sonrió.
-Lo imaginaba peor.
El Flautista soltó una carcajada y pensó durante unos segundos en el Hada Madrina, después desechó la imagen y se centró en quien tenía enfrente.
-Sal a bailar, la gente esta animada. Seguro que encuentras a alguien interesante que te pueda motivar.
Le guiñó un ojo y lo dejó solo. El Capitán miró a su alrededor y le dio un toquecito a la mujer que tenía sobre el sombrero.
-No entiendo que haces aquí, pero recuerdo tenerte encerrada y después que te negaras a dejarme. -Campanilla voló a la altura de sus ojos y se mantuvo ahí como un colibrí, sus ojos pequeños bien abiertos mirándolo mientras hablaba. -Estoy seguro de que era despreciable y quizás incluso te quedaste para vigilarme de cerca y tener controlada mi maldad. No sé quien soy pero me gustaría empezar teniendo a alguien en quien confiar. ¿Podría empezar contigo?
Campanilla siguió mirándolo fijamente unos segundos más, después asintió enérgicamente y Garfio creyó ver una lágrima en su pequeño rostro. Después la invitó a bailar y las sombras se convirtieron en luz cuando sonrió.
Un par de tequilas más, risas y carcajadas y tropezar con sus propios pies mientras le hacía una reverencia a la pequeña mujer alada. Los enanos marcaban el ritmo en improvisados cajones hechos de taburetes puestos del revés. El Capitán se volvió a ellos.
-Odio a los niños ¿sabéis? no me gustan, no sé porque. Pero lo adiviné al veros cuando entre aquí y confundiros, pero vosotros no sois niños, sois hombres hechos y derechos y me encanta vuestra música.
Dio un par de palmadas, volvió a tropezarse y se apoyó en una mesa cuando la puerta se abrió y quedo frente a quien entraba.
Él enmudeció y la música quedó en silencio cuando toda luz quedó atrapada en el vestido de la mujer que traspasaba la puerta. Parecía que miles de escamas la cubrían y atrapaban cualquier haz de luz para devolverlo con más fuerza. Las ondas de su pelo rojo caían sobre sus caderas, sonrió a quienes le miraba.
Y Garfio sintió como el corazón comenzaba a palpitarle con fuerza.






Queridos lob@s y bruj@s, espero que os estén gustando todas estas historias. Recordar que en los comentarios podéis proponer personajes o decir cual es vuestro favorito. 
Gracias por leerme y llegar hasta aquí.















domingo, 12 de enero de 2020

1 - Si acabas de llegar, lee esto para ponerte en situación
2 - Vamos al meollo: Capítulos 1, 2 y 3
3 - Capítulo 4




CAPÍTULO 5 - DE VERDADES Y SUS VERSIONES





Se estiró y levantó la cabeza al notar algo suave que lo envolvía. Estaba arropado y metido en una cama mullida a la que no recordaba haber llegado. En realidad sólo recordaba el dolor, una música que nunca antes había oído y los ojos grises de una mujer que tampoco había visto antes. Se giró colocándose boca arriba y sus ojos miraron hacía el lugar del que provenía la luz, un ventanal enorme y justo en el medio la figura de una mujer que miraba hacia fuera, envuelta en una capa y con el pelo negro cayéndole sobre los hombros y en cascada por la espalda hasta las caderas.
Carraspeó, no sabía que otra cosa hacer. Ella miró ligeramente hacia atrás, sin volverse y continuó mirando a través de la ventana.
-¿Cómo te encuentras?
Suspiró silenciosamente para que ella no se diera cuenta, pero le había quitado un peso de encima al romper el silencio de dos desconocidos que se juntan por causas del destino.
-Bien - vaciló - o al menos eso creo. Hay muchas cosas que no recuerdo, ni siquiera haber llegado hasta aquí.
Por fin se giró hacia él, avanzó un par de pasos hacia la cama y se paró, sonriendo unos breves segundos, se abrazó a si misma y mantuvo las distancias.
El olor a manzana que salía de la piel de ella llegó hasta él, que inspiró en profundidad y se removió inquieto bajo las sábanas.
-Me lo pusiste un poco difícil, andabas medianamente bien hasta llegar aquí y traspasar la puerta. Me tuvo que ayudar el mesonero a subirte. Te vi una herida un poco fea en el costado al tumbarte en la cama, no me había dado cuenta antes porque la tenías seca y con costra, pero se abrió cuando te movimos.
Se abrazó un poco mas a si misma y miró hacia el suelo, avergonzada. Él salió de debajo de las sábanas y se dio cuenta de que iba desnudo cuando ella intentó que no se incorporara.
-¡¡Espera, espera!! - soltó una risa y se tapo los ojos de forma cómica mientras él volvía a taparse - no es que me de vergüenza verte, en realidad estas bastante bien, pero supongo que no esperabas encontrarte sin ropa; ya estabas así cuando te encontré en el bosque, te puse mi capa pero te la quite para lavarla cuando llegamos aquí. Al fin y al cabo metido en la cama no la necesitabas - Se encogió de hombros - El dueño de esto me dejo ropa para ti.
-Creo que necesito lavarme antes de ponérmela.
-Hay una pila con agua en la otra habitación - dio varios pasos sin saber muy bien que hacer o a donde ir - supongo que lo mejor será que baje y te de intimidad.
Él pareció salir de un trance y la miró.
-Si no te importa preferiría que te quedaras. - agarraba las mantas con los nudillos blancos. - Ni siquiera se como llamarte y has hecho mucho por mi, pero si no te importa quedarte, te estaría eternamente agradecido.
Ella asintió y fue nuevamente a la ventana para darle algo de espacio. Él salió sin pudor de la cama y buscó el agua.
-¿Me podrías decir como te llamas?
Se pasó la mano por el pelo y lo miró a través de la puerta abierta, sin remordimientos por observarlo lavarse. Él tampoco pareció sentirse cohibido.
-Podría mentir y decirte que no me acuerdo, porque en verdad tengo lagunas sobre quien soy - intentó sonreír, pero el intento quedó tan sólo en un amago de sonrisa. Clavaron los ojos el uno en el otro y los de ella, grises y tristes parecieron implorar - pero lo que recuerdo no me gusta ni lo entiendo ¿crees que podrías ayudarme poniéndome un nuevo nombre?
Asintió.
-¿Crees que será suficiente?
Ella negó con la cabeza.
-Pero a lo demás me enfrentaré cuando llegue.

Bajaron al cabo de un rato y encontraron jolgorio y baile entre los huéspedes. Él no se sentía cómodo y ella tampoco, de forma inconsciente los dos se dirigieron a la esquina más sombría y se sentaron. El Flautista los observaba apoyado en la barra, había tal mezcla en su sala que podría saltar la chispa en cualquier momento, aunque que aquellos dos no se separaran le resultaba, cuanto menos, curioso.
El volumen de la música subió como si seres invisibles tocaran flautas y cuerdas y el Flautista siguió contoneándose y sirviendo.
Un par de enanos alzaron apuestas y el resto grito vitoreando, Caperucita brindo con su acompañante, y lo sacó a bailar.
Ahí fue cuando nuestro hombre clavó los ojos en ella, en su pelo cobrizo y el reflejo rojo que ondeaba a su alrededor mientras bailaba agarrada del hombre con el chaleco de colores y ojos felinos.
Ambos se reían abiertamente, desinhibidos, pegados cuerpo a cuerpo.
La mujer de ojos grises vio como su acompañante cerraba los puños y sus nudillos se volvían blancos. La mandíbula rígida y los ojos totalmente fijos en la joven y su pareja de baile.
-¿La conoces?
No respondió y al ver su fijación le dio un meneo en el hombro que lo sacó de su obsesión. Cuando finalmente la miró, vio algo salvaje bailando en sus ojos oscuros, un ser distinto al hombre herido y frágil que se había encontrado y que parecía mantener una lucha violenta en su interiror.
-Vuelvo a preguntar, ¿la conoces?
Cerró los ojos y se tapó la cara con las manos, parecía atormentado.
-No. Creo -negó con un gesto de cabeza mientras sus labios se volvían rígidos -No lo sé. No tengo ni idea y aún así al verla he sentido que perdía el control, como si algo intentara salir de dentro de mi y quisiera ir a por ella.
La mujer enredó los dedos en el pelo de su nuca y le acarició la piel intentando calmarlo, al cabo de un rato los hombros se le relajaron y suspiró, pero no volvió a mirar hacia la improvisada pista de baile.
-He encontrado un nombre para ti. - dijo de pronto mirándola por el rabillo del ojo, como si aún estuviera avergonzado de su comportamiento anterior y no pudiera enfrentar su mirada gris.
-¿A sí? Dime.
Ella bebió de su vaso y le hizo un gesto al Flautista, que le guiñó un ojo y asintió.
-A partir de ahora serás Diya. - se encogió de hombros - no sé si será más bonito o más feo que tu nombre anterior. Significa luz, esplendor, y creo que te has convertido en eso para mí en esta nueva vida que estoy transitando entre tinieblas.
Durante unos instantes dejó los movimientos circulares en su nuca, pero los retomó al asimilar sus palabras y pensar.
-Me llamaban la Reina Malvada, es lo único que recuerdo bien - susurró - Así que, aunque tu nombre no haga justicia a mi anterior vida, creo que puede guiar con buenos pasos la nueva vida que estoy empeñada en tener. En realidad me llamaba Grimhilda. ¿Como debo llamarte a ti?
Él se estremeció.
-Si te digo que nunca he tenido nombre ¿me creerías? No recuerdo que nadie me nombrara, sólo que se atemorizaran al referirse a mí como una leyenda, como un algo que puede comérselos en mitad de la noche, en cualquier momento. -Finalmente la miró, agarró entre sus manos la mano libre de Diya y le sonrió - Aún así, llámame Daren.

El Flautista los interrumpió y sirvió las bebidas.

-¿Necesitáis algo más?
Ella negó con la cabeza, pero lo reparó para que no se fuera.
-¿Tienes lo que te pedí?
Él asintió. Arqueó la ceja mirando al hombre sentado a su lado y ella dio el consentimiento para que hablara.
-Las respuestas que buscas las puedes encontrar en la torre más alta de un castillo internando en el bosque del que salisteis. No bajes, sube siempre para encontrarlo, pero recuerda que a veces saber la verdad es doloroso y nos marca un camino en el que no se puede retroceder. Lo que descubras, hará de ti lo que te dejes.
- ¿Y él? ¿Cómo puedo ayudarlo?
Daren abrió los ojos pero no dijo nada.
-Su lucha es distinta a la tuya y aún así habéis entrelazado vuestros destinos, así que de alguna forma podrás ayudarlo a liberarse o condenarse; pero en el fondo, toda decisión depende de él. - miró hacia el resto de la gente y luego volvió a mirarla - No todos están hechos de magia como tú y quizás como él, por lo que vuestro interior tiene tanta luz y oscuridad como vosotros dejéis entrar.
Cogió los vasos vacíos y volvió a mirarla.
-Tenéis todo listo para salir cuando queráis - echó una mirada hacia los bailarines - aunque yo no me demoraría por lo que pueda pasar con tu acompañante, porque estos no parecen tener prisa.
-Ya te hice el pago, ¿te debo algo más por la advertencia?
El Flautista negó.
-Una manzana mágica es suficiente, guarda el resto y recuerda que te ayudaré en lo que necesites, pero no sólo vas cargando con tu destino, también cargas con el de él, al menos hasta que empiece a tomar decisiones. Sé prudente. - Le guiñó un ojo - La verdad tiene muchas caras y siempre depende de los ojos que la vean y las mentes que la vivan. Recuerda siempre construir la tuya y no dejarte llevar simplemente por la de los demás.
Se encogió de hombros, se fue sonriendo pero tras un par de pasos se volvió hacia ellos.
-De momento reconozco que sois mis favoritos, pero no se lo digáis a nadie. - Se llevo el dedo índice a los labios, antes de irse les sonrió.




lunes, 6 de enero de 2020

Seguimos vagando por este mundo perdido de fantasía donde castillos, barcos, magia, canciones, manzanas, etc, se mezclan, se pierden y resurgen.  

¿Te perdiste el comienzo?


¿No sabes dónde encontrar a los primeros personajes? 





Y ahora relajaros, la historia va a continuar....




CAPÍTULO 4 - CAMPANADAS A MEDIODÍA

Me probé el zapato y reconozco que me sentí tremendamente poderosa con el. Busqué en los alrededores el otro, no tenía claro si era mío o no, porque mi ropa era bastante andrajosa y aquél maravilloso zapato era elegante y encantador, pero no encontré el otro par por ningún lado, me gustaba mucho y decidí guardármelo hasta encontrar su igual.
Me dolía la cabeza pero sólo podía pensar en la necesidad de quitarme aquél vestido harapiento, lleno de zurzidos y parches para sentirme más, más ¿qué? No recordaba nada, pero tenía claro que no iba a verme así vestida para siempre.
Eché a andar, olía a mi alrededor el aroma a perfume caro, pensé que era caro porque uno barato era imposible que oliera así de bien y no dejé de preguntarme durante mi paseo a ningún lado, de dónde procedería el olor y porque no iba mejor vestida.
El zapato iba a buen recaudo en uno de los pliegues de aquél vestido tres veces mas grande que yo ¡me sentía tan incómoda!
Una melodía empezó a sonar y aunque no la conseguí identificar me atrajo y tras una buena caminata, alcancé a ver una posada en mitad de un claro de árboles del que salía un seductor humo de una chimenea, aquella música tan extraña y de vez en cuando el sonido de alguna conversación e incluso una risa acompañada de algún silencio. Me acerqué refunfuñando por dentro, no estaba totalmente convencida de que aquél fuera el lugar donde debía estar, pero puestos a empezar por algún lado, mejor aquél que seguir dando vueltas por el bosque a ciegas.

Empujé la puerta y apenas un par de caras se giraron al sonido de las campanillas. Eché un vistazo rápido antes de fijar la mirada en el suelo. En algunas mesas se hablaba con jovialidad, en otras solitarios bebían o miraban hacia algún punto sin estar totalmente presentes en la posada. Me senté en la barra y miré de forma un poco más descarada; me llamó la atención la capa roja que cubría los hombros de una muchacha esbelta y dicharachera que parecía coquetear con un hombre de mirada felina, también el brillo dorado de las alas de una hada pequeña que revoloteaba de aquí para allá. Algunos me daban escalofríos, como el tipo alto de la esquina que hablaba con un pájaro de colores, llevaba un bastón dorado que me hizo pensar en todo lo que podría conseguir por el si fuera mío y no suyo. Me sentía fuera de lugar.

-¿Qué buscas?
Pegué un salto en el taburete y me volví hacia el hombre que me hablaba tras la barra.
-¿Disculpa? - ante todo modales.
-Sólo me pregunto que buscas entre toda esa gente.
Me encogí de hombros.
-Sólo observo lo que traen con ellos, parecen sacados de reinos lejanos o lugares exóticos.
-¿Y tú de dónde sales? ¿que traes contigo? - preguntó tendiéndome una cerveza. No la miré muy convencida - Si no tienes nada que perder, acepta lo que te ofrecen.
Pegué un trago e hice una mueca, no estaba especialmente bueno, pero tampoco estaba malo.
-No sé de dónde vengo y he traído poco conmigo.
El hombre se puso a secar algunos vasos más, ojeando a todo el mundo y pendiente de lo que yo le decía. La música seguía sonando en alguna parte y resulta relajante uniéndola al calor de la estancia y el murmullo de las conversaciones.
Se inclino hacía mi mientras apuraba la bebida y me servio otra.
-¿Y que quieres conseguir?
Lo miré frunciendo el ceño y me bebí de un trago la nueva cerveza. Me sentía aún más relajada, como si cada una de las ideas que se me cruzaban por la cabeza fuera maravillosa y a la vez todo me divirtiera.
-Quiero conseguirlo todo - le dije levantando el vaso indicándole que me lo llenara de nuevo - Pero aún no tengo claro como puedo hacerlo si no soy nadie.
El posadero sonrió mostrando muchos los dientes.
-Si no eres nadie, entonces puedes llegar a ser cualquier cosa que quieras ser. Sólo necesitas motivación y estar en el momento y el lugar adecuado.
Me sentía intrigada, lo observé alejarse para prepararle un combinado a la mujer de la capa roja y miré descarada al resto.
Podía ser quien yo quisiera, pero para serlo necesitaba dinero o influencia. Volví a mirar al camarero ¿me podría ayudar él?
Cuando volvió le pedí que me sirviera otra y puse los codos sobre la barra.
-¿Cómo me puedes ayudar a conseguirlo todo y cómo puedo pagarte por tu ayuda?
Él también se sirvió una, me sonrió y bebió.
-Para conseguir poder...- colocó el dedo indice sobre sus labios golpeándolos suavemente a cada segundo, después me enseño tres de sus dedos y los movió frente a mi- te podrían venir bien tres cosas: una es sencillamente oro; la segunda que alguien realice tus deseos y la tercera...magia para ti y a tu disposición.
-¿Recomendación de la casa? - apoyé el mentón en la mano y por primera vez desde que desperté me sentí dueña de mi misma.
El hombre se enderezó sin perder la sonrisa, parecía encantador y terriblemente inteligente; hizo un pequeño baile siguiendo una melodía que sólo existía en su cabeza y me cogió la mano para besarla.
-Yo no recomiendo, pequeña reina perdida, yo ofrezco opciones y cada uno elige aquello que mas le conviene; a cambio de tarifas razonables, claro esta.
-No tengo nada... - pero sentía el peso del zapato en el pliegue del vestido.
Él sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.
-Digamos que puedo quedarme en préstamo ese zapato de cristal tan bonito que llevas ahí escondido. Si no consigues lo que quieres, pasará a ser mío. Pero si consigues todo aquello que tienes en esa preciosa cabecita tuya, te lo devolveré a cambio de un favor u otra cosa que quiera de ti llegado el momento.
Fruncí el ceño.
-Iré a ciegas, sin saber que me exigirás después.
-Igualmente vas ciega ahora; al igual que yo contigo.

Me crucé de brazos, bebí nuevamente, me removí inquieta y finalmente saqué el zapato y lo coloqué sobre la barra.
-Cuéntame esas opciones, dame algo de comer que estoy famélica, déjame pasar la noche aquí y dame ropas más cómodas para el viaje que estoy a punto de comenzar. Dejo esto a tu cuidado, pero ten por seguro que volveré a por el.
Me dedicó una reverencia, pasó el dedo por el cristal pulido y brillante del zapato y miró fijamente mis ojos.
-Me encantan las mujeres de objetivos claros y exigentes. No hay forma más fácil de conseguir oro que vendiendo las escamas de una sirena en el mercado negro. Pero si prefieres que alguien acate tus ordenes y deseos más profundos, una lámpara deberás encontrar y frotar, eso si, ten cuidado con la letra pequeña; los genios son siempre engañosos. Y la magia ¡¡aaay querida reina!! quizás esa es la opción más compleja si no la posees tu misma, porque deberás engañar a una bruja para que te ayude, o deberle, tal que a mi, un favor; o quizás encontrar a un mago o hechicero y hacer que sus objetivos sean los tuyos - guardó el zapato mientras pensaba en sus palabras - el camino de la ambición es oscuro, no lo olvides.

En algún rincón de aquél antro sonó un reloj marcando las 12 del mediodía.
Algo se removió dentro de mi, como si ese sonido despertara un recuerdo que no conseguía ubicar. Sacudí la cabeza.
-Tome la opción que tome, ¿me ayudarás?
Asintió.
-Para eso estoy- Me tendió la mano- puedes llamarme Flautista.
Sin saber a ciencia cierta si estaba tomando la decisión correcta, le tendí la mía y se la estreché con fuerza.








































martes, 31 de diciembre de 2019


No encuentro mejor forma de acabar el año que escribiendo y poniendo sobre la mesa del año que estamos a punto de comenzar, un nuevo proyecto. Para que veáis que me lo tomo en serio y que es de verdad, aquí os dejo con algunas líneas que nos introducen un poco más en la historia de nuestros personajes de cuento.
¿Los reconoces? Deja tus comentarios más abajo y recuerda que todo esta protegido por los derechos de autor.





CAPÍTULO 1 - DE MANZANAS Y LOBOS


Miré a mi alrededor, había caído redonda entre hojas y ramas secas, las manzanas del cesto habían rodado por todas partes y notaba en la cabeza una bruma que no me permitía centrar ni pensamientos ni ideas.
Me puse en pie, que no recordara que hacía allí no implicaba que no supiera que había magia oscura en esas frutas; las volví a meter en el cesto, sacudí las ropas y la capa y comencé a andar.
Los árboles eran retorcidos, el sonido del bosque se abría paso en mis oídos y me gustaba, como si una parte de mi formara parte de todo aquello y no me importara no saber ni recordar datos sobre mi misma que debería preocuparme no saber.
Me paré frente a una casa pequeña ubicada en un claro lleno de hierbas y arbustos floridos. Di unos pasos hacia ella, parecía que algo dentro de mi me acercara a aquél lugar que desconocía. Sacudí la cabeza, en realidad no tenía ningún motivo de peso para ir hacia allí, ni siquiera parecía un buen lugar, demasiado básico y vulgar ¿qué podría tener de interés? Le dí la espalda, sentía la magia rodeándome en la brisa ¿Porqué lo sabía? Que mis pensamientos estuvieran perdidos entre niebla, no significaba que no supiera cual era mi esencia y al igual que sabía que había dado la espalda a algo importante, tenía claro que no quería ir hacia allí y no pensaba hacerlo. Y ahora ¿hacía donde?
Oí un aullido de lobo que acabo convirtiéndose en un grito de dolor y el destino o la curiosidad me llevó más adentro del bosque, dónde apenas se filtraban los rayos de las primeras horas de la mañana y la humedad ascendía por la tela de mi capa.
Un movimiento de matorrales, la tierra que crujía bajo el peso de algo o alguien que se movía en algún punto por delante de mi. No sentí miedo, como si aquello no fuera conmigo y sólo quisiera saciar una curiosidad fugaz que dejaría de atraerme nada más la descubriera. Aunque tristemente...tristemente no fue así.

Estaba cubierto de barro, sacudí la cabeza y puse los ojos en blanco. Supe en cuanto la idea me cruzó la mente que aquella decisión iba a complicarme la vida, me encogí de hombros, o quizás la hacía más divertida.
Lo ayudé a incorporarse, el pelo le caía por delante de los ojos manchado de barro, no llevaba ropa y tiritaba, le puse mi capa por encima, tapándole como pude. Levantó los ojos apenas, parecía avergonzado, pero vi el color oscuro de sus iris y sus pestañas espesas.
- Venga levanta, no tenemos todo el día para estar aquí con este frío y no tengo ni puta idea de hacia donde deberíamos ir.
Volvió a mirarme y durante un segundo pareció que esbozaba una sonrisa, después escuchamos música y echamos a andar hacia ella sincronizados.



CAPITULO 2 - LA LOCURA NO ES OPCIÓN, SI NO ESENCIA


Abrió los ojos, lo último que recordaba era estar buscando un libro de la estantería y ahora estaba boca arriba en el suelo cubierto de esos mismos libros, con la escalera de mano a un lado y su sombrero de punta doblado a otro. ¿Qué demonios había pasado?
Se puso de pie y una nube de polvo salió de páginas sueltas y de la ropa que se sacudió; se preguntaba mientras andaba con sus piernas largas y huesudas que diablos buscaba antes de perder el conocimiento. Se colocó las gafas torcidas sobre la nariz larguirucha y comenzó a tararear una melodía que no paraba de resonar en su cabeza. Se asomó a la ventana, nada le daba pistas de su búsqueda, la mesita con una tetera, taza y el té ya frío, pilas y pilas de libros, un globo terráqueo que giraba sobre si mismo con suavidad y sin alterar la velocidad. Un búho que salía de una casita hecha de un tronco bostezando...
-¡¡Ahhh!! Arquímedes, si, si, de ti si que me acuerdo. ¿Qué se suponía que andaba haciendo yo?
El búho lo miró, sacudió las plumas y le dio la espalda.
- A mi déjame de cuentos viejo chiflado.
-Creo que estaba haciendo algo importante, algo vital, pero no recuerdo nada de nada. - Se masajeo la sien y tropezó con un maletín de color lila mientras andaba de arriba para abajo. - Creo que deberíamos salir de aquí. Aquí no voy a encontrar nada.
El búho se volvió a mirarlo de nuevo.
-¿Y qué se supone que andas buscando?
Miró a todos lados y volvió a darse con el maletín, se encogió de hombros y lo abrió, ahí metería todo lo necesario.
-No lo sé, por eso tenemos que salir. ¿Por dónde empiezo a empaquetar?
Arquimedes revoloteó lejos de él, al rincón más oscuro, alto y lejano.
-Conmigo no cuentes viejo. Yo no salgo de aquí.
Lo miró por encima de sus gafas torcidas, la barba y el pelo tan blanco en contraste con su piel oscura, ébano puro.
-Por los libros he de empezar y si tu no vienes por tus propias alas te meto en la maleta sin remordimiento alguno.
Libros, tetera, taza, escoba y platos volaron hacia dentro, Arquimedes refunfuño mientras se colocaba encima de la punta del sombrero puntiagudo del anciano y los dos salieron algunos minutos después, dejando dentro tan sólo alguna silla y unas pocas telarañas. Quizás volvería cuando encontrara lo que no recordaba que andaba buscando y si no encontraba nada, pues quizás volvería igualmente, aquél sitio parecía un lugar ideal para estudiar y tomar té. Cerró la puerta y dio una gran zancada mientras volvía a tararear aquella melodía que no conseguía sacar de su cabeza, miró a su alrededor cuando comenzó a escucharla a través del viento y las ramas de los árboles. Frunció el ceño.
- Es la misma melodía que tarareas viejo.
-Y no es casualidad gallina desplumada.
El búho pego un pequeño salto de indignación, pero Merlín no se inmuto y volvió a dar sus grandes zancadas para alejarse de la casa, iría hacia dónde lo llevara la melodía. No tenía nada que perder ¿verdad?


CAPÍTULO 3 - LA POSADA DE LOS DESTINOS PERDIDOS 

El flautista miró con orgullo el mesón, cogió el instrumento de la funda colgada a su cintura y se puso a tocar. Algunos personajes estarían despertando y otros andando como pollos sin cabeza sin saber que hacer o dónde ir. Aquél hechizo los privaba de ciertos recuerdos, pero no de aquello que eran en esencia, así que, ¿que mejor que atraerlos a algún lugar dónde se cruzaran sus destinos?
-¡¡Buena la has liado!!
Dejó la flauta funcionar sola mientras hacia caso omiso de Hada Madrina y entró a la posada mirando con vanidad el trabajo que había hecho en tan poco tiempo. Había habitaciones para huéspedes, cocina para los estómagos vacíos y en aquella sala tan grande zonas de luz y rincones más oscuros para que cada personaje de cuento encontrara el espacio dónde se sintiera más cómodo.
Se metió tras la barra, cogió la pizarra y se puso a escribir.
El Hada Madrina entró como un huracán, resoplando, colorada, pérdida y sin saber que pasos dar para encauzar aquellas historias que se habían salido del guión. El Flautista parecía tenerlo todo controlado pero a ella, que le gustaba cada cosa en su sitio se le habían desordenado hasta las ideas ¿y si los príncipes no acaban con princesas? ¿Y si ganaban las brujas? ¿Y si los bandoleros en vez de trabajar para el pueblo decidían volverse ambiciosos? Todo estaba descontrolado y ella fuera de control.
-Para esta locura Flautista ¡devuelve el orden a cada historia!
Él levantó la vista un segundo de la pizarra, después siguió escribiendo, carraspeó un poco antes de hablar.
-He comenzado el juego y he dado mis primeros pasos; muestra tus cartas Hada, demuestra que los malos son siempre malos, que los buenos son siempre buenos y que nadie puede cambiar. Demuestra que tus ideas preconcebidas del orden y la paz son mejores que las mías. Demuestra que tras el caos no surjen maravillas y que los deseos y las tentaciones sólo nos llevan a la destrucción y no a conocernos mejor a nosotros mismos. ¡Venga Hada! estoy deseando darle la vuelta a tus cuentos y hacer que brillen esos personajes de los que ni tu misma eres consciente del potencial ¡venga espabila! porque todas las manos que no juegues tú, las jugaré yo.
Volvió a mirarla y le guiño un ojo. Ella, frunciendo el ceño y bufando desapareció en un silencioso estallido.
El Flautista soltó el aire de los pulmones, se puso la tiza en la oreja y leyó una vez más lo que acaba de escribir. Después le dio la espalda a la sala llena de mesas y banquetas y colocó de cualquier manera el cartel sobre el mueble lleno de vasos de barro y botellas de alcohol.


Vaso de ginebra para ensombrecer certezas
Copa de whisky para ahuyentar dudas
Ron para ahogar esperanzas 
Tequila para enfrentar la cobardía 
Vino para el mal de amor
Absenta para olvidar los errores cometidos
Cerveza para aceptar las distracciones 
Vodka para los que andan perdidos

Combinados especiales para males mayores


Si no sabes dónde estas, si quieres un nuevo comienzo o un final diferente, pregunta al dueño. Algo podrás darle como moneda de pago. 
Volver a empezar esta en tus manos. 


Las campanillas sonaron al abrirse la puerta. Al Flautista se le iluminaron los ojos; cada pieza estaba estaba expuesta en el tablero y el juego ya no podía parar. Se volvió hacia la entrada y miró al viajero, el chaleco que llevaba encima de la camiseta blanca cambiaba de color entre el turquesa y el lila, sus ojos gatunos lo miraron con desconfianza pero igualmente entro. Se dirigió con seguridad a la barra y se sentó en uno de los taburetes, puso los codos sobre la mesa y mientras leía el mensaje de la pizarra su cola se movía y enroscaba tras de él.
-¿Qué te pongo?
El gato hombre sonrió y la sonrisa y sus dientes puntiagudos llenaron su rostro al completo.
-Parece que ando perdido...


























 
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