martes, 14 de enero de 2020

Si no has leído todos los capítulos de esta aventura perdida, léelos aquí





CAPÍTULO 6- LAS OLAS DEL MAR NO SON SUFICIENTES PARA HACER PALPITAR UN CORAZÓN



Para cualquiera, despertarse mecido por el oleaje con la mente y las ideas buceando entre tinieblas y sin muchos recuerdos a los que acceder supondría un trauma; pero no para él, que había vivido siempre entre sueños inacabados, amores ahogados en botellas de ron y polvo de hadas; por lo que aquello era un día más intentando empezar de cero, pero sin la sensación de derrota que siempre le acompañaba.

Salió del barco con lo puesto, haciendo caso omiso a las voces que lo llamaban e intentando quitarse de encima al hada que no paraba de echar polvo dorado sobre él. De ella si que se acordaba, aquél bicho que parecía odiarlo y que a pesar de haberlo liberado hacía mucho tiempo, se empeñaba en seguir con él.
-Sígueme si quieres ¡que más dará!
Impulsado por una urgencia que no entendía se internó en el bosque hasta llegar a una posada de aspecto acogedor.
Al menos, pensó, encontraría algo de ron.

Se repanchingó en la mesa más cercana a la puerta, por si la cosa se ponía fea y tenía que salir por patas y miró a su alrededor. El ambiente no estaba cargado y el grupo de personas que lo rodeaba era variopinto y curioso. Sacó su pipa y se puso a fumar, estaba seguro de que podría molestar a alguien y le provocaba cierto bienestar pensarlo. Echó varias bocanadas de humo por la boca y colocó los pies sobre el taburete de al lado. La pequeña hada se sentó en el ala de su sombrero y el resopló ¿por qué no conseguía quitársela de encima?
El posadero se acercó enseguida, mirándolo con los cejas arqueadas y limpiando la mesa antes de colocar un vaso frente a él.
-Si no es ron no lo quiero - se quejó oliendo la bebida.
-Ya que estás como en tu casa - le quito las botas del taburete y se sentó en el - me gustaría aclararte que es la mía y tienes la puerta abierta cuando quieras y necesites, pero aquí, más que pedir lo que crees que quieres, se sirve lo que necesitas. Y créeme, el tequila te ayudará.
El capitán apoyó los codos en la mesa y le echó una bocanada de humo en la cara.
-¿A que me puede ayudar si no necesito ayuda de nadie?
El hada puso los ojos en blanco y movió frenética los brazos intentando alejar la nube que subía de la pipa.
-Los fanfarrones sois los mejores, de verdad. Los que más vacío ocultáis y más tristeza guardáis.
Garfio cuadró la mandíbula y alejó su rostro unos centímetros de los de él.
-¿Quién eres?
El Flautista le acercó el vaso.
-La persona que puede ayudarte a dejar de ser cobarde.
En los ojos del capitán relampagueo la ira.
-No lo soy - estalló echándose atrás en la silla y poniéndose de pie.
El otro ni se inmutó.
-Cierto, el primero en la lucha, el primero en embarcarse en aventuras que no sabe dónde lo llevaran pero ¿quieres que te cuente un secreto? - Garfio frunció el ceño, no sabía si fiarse de él - ¿Ves a toda la gente que hay aquí? Todos han perdido la memoria, todos andan perdidos, desorientados y anhelantes de algo que aún no saben definir. Pero tú, tú eres el único al que le da igual no recordar quién o que eres, porque la vida que has dejado atrás te importa tanto o menos que la silla donde estas sentado. Por lo que...llegados a este punto, ¿crees que lo que te ofrezco puede ser peor que no tener un motivo u objetivo por el que vivir, o algo que defina lo que eres en tu interior?
Garfio enarcó una ceja y soltó una carcajada. Levantó su mano cortada y la mostró.
-Que no tenga recuerdos no significa que no sepa lo que soy. ¿Alguien con el alma blanca y las intenciones puras tendría este aspecto?
Puso el garfio sobre la mesa con un golpe de metal contra madera y su sonrisa se volvió una mueca.
-No me des sermones, tabernero. Algo muy malo tuve que hacer para sentenciar mi destino de esta forma. Es una advertencia para todo aquél que se acerque a mi ¿Tu no lo ves claro? ¿No te parece suficiente definición?
El Flautista puso los ojos en blanco y bostezó.
-Lo que veo es alguien que se conforma con el papel que le han asignado. Alguien acobardado ante la idea de reinventarse y ser algo distinto a lo que todo el mundo espera. ¿Acaso no tienes sueños que te motivan? ¿Anhelos que conquistar?
-¿Y a ti que diablos te importa? ¿Qué pretendes conseguir a través de mi? No me engañas, nadie da sin pedir o conseguir algo a cambio.
Se cruzó de piernas meditando si compartir con él parte de sus ideas y cavilaciones.
-Estaba aburrido de ver como cada día hacíais, decíais y sufríais lo mismo. Como parecíais ratones en una ratonera con los mismos elementos y como resolvíais las mismas dificultades siempre igual. - sacó la flauta y la hizo rodar entre sus dedos - Os liberé, os permití interactuar unos con otros para daros caminos y oportunidades de ser lo que vosotros queráis ser. Así que dime, Capitán ¿que buscas? ¿qué quieres ser? ¿que anhelas?
Garfio no entendía nada, ninguna de sus palabras tenía sentido y aún así algo en su interior se removió. Tenía la certeza, sin saber porque, de que cada paso que diera o decisión que tomara a partir de ahora le iba a hacer recorrer un sendero que nunca antes había pisado. Y esa perspectiva, lo admitiera o no, le emocionaba.
-Supongamos que te sigo el juego, que creo cada cosa que me estas diciendo y que no sé que quiero. ¿Cómo, si no sé quién soy, descubro que no estoy cometiendo los mismos errores que cometí en esa vida que no recuerdo?
Su interlocutor se encogió de hombros.
-No lo sabes, simplemente tienes que seguir tus impulsos y hacer aquella cosa que te haga sentir bien contigo mismo. Fácil ¿no?
La cara del Capitán se quedó impasible.
-Pues no, no es fácil. Y tampoco me has dicho que ganas tu de esta liberación y esta ayuda que brindas.
-De daros la liberación, quizás, gane una apuesta. Y de ofreceros mi ayuda...gano magia.
-Explícate.
El Hada se quedó muy quieta en el ala del pirata, como intentando no llamar la atención del Flautista y que no la cogiera para él. No sabía que él no necesitaba raptar.
-Todos estáis hechos con magia, aunque no todos sois mágicos y aun así, cada cosa que os caracteriza es portadora de una brujería primigenia que me gustaría poseer. - Volvió a encogerse de hombros. -¿Te parece una buena respuesta?
Garfio asintió, cogió el vaso y se bebió el tequila de golpe. Hizo una mueca y sonrió.
-Lo imaginaba peor.
El Flautista soltó una carcajada y pensó durante unos segundos en el Hada Madrina, después desechó la imagen y se centró en quien tenía enfrente.
-Sal a bailar, la gente esta animada. Seguro que encuentras a alguien interesante que te pueda motivar.
Le guiñó un ojo y lo dejó solo. El Capitán miró a su alrededor y le dio un toquecito a la mujer que tenía sobre el sombrero.
-No entiendo que haces aquí, pero recuerdo tenerte encerrada y después que te negaras a dejarme. -Campanilla voló a la altura de sus ojos y se mantuvo ahí como un colibrí, sus ojos pequeños bien abiertos mirándolo mientras hablaba. -Estoy seguro de que era despreciable y quizás incluso te quedaste para vigilarme de cerca y tener controlada mi maldad. No sé quien soy pero me gustaría empezar teniendo a alguien en quien confiar. ¿Podría empezar contigo?
Campanilla siguió mirándolo fijamente unos segundos más, después asintió enérgicamente y Garfio creyó ver una lágrima en su pequeño rostro. Después la invitó a bailar y las sombras se convirtieron en luz cuando sonrió.
Un par de tequilas más, risas y carcajadas y tropezar con sus propios pies mientras le hacía una reverencia a la pequeña mujer alada. Los enanos marcaban el ritmo en improvisados cajones hechos de taburetes puestos del revés. El Capitán se volvió a ellos.
-Odio a los niños ¿sabéis? no me gustan, no sé porque. Pero lo adiviné al veros cuando entre aquí y confundiros, pero vosotros no sois niños, sois hombres hechos y derechos y me encanta vuestra música.
Dio un par de palmadas, volvió a tropezarse y se apoyó en una mesa cuando la puerta se abrió y quedo frente a quien entraba.
Él enmudeció y la música quedó en silencio cuando toda luz quedó atrapada en el vestido de la mujer que traspasaba la puerta. Parecía que miles de escamas la cubrían y atrapaban cualquier haz de luz para devolverlo con más fuerza. Las ondas de su pelo rojo caían sobre sus caderas, sonrió a quienes le miraba.
Y Garfio sintió como el corazón comenzaba a palpitarle con fuerza.






Queridos lob@s y bruj@s, espero que os estén gustando todas estas historias. Recordar que en los comentarios podéis proponer personajes o decir cual es vuestro favorito. 
Gracias por leerme y llegar hasta aquí.















domingo, 12 de enero de 2020

1 - Si acabas de llegar, lee esto para ponerte en situación
2 - Vamos al meollo: Capítulos 1, 2 y 3
3 - Capítulo 4




CAPÍTULO 5 - DE VERDADES Y SUS VERSIONES





Se estiró y levantó la cabeza al notar algo suave que lo envolvía. Estaba arropado y metido en una cama mullida a la que no recordaba haber llegado. En realidad sólo recordaba el dolor, una música que nunca antes había oído y los ojos grises de una mujer que tampoco había visto antes. Se giró colocándose boca arriba y sus ojos miraron hacía el lugar del que provenía la luz, un ventanal enorme y justo en el medio la figura de una mujer que miraba hacia fuera, envuelta en una capa y con el pelo negro cayéndole sobre los hombros y en cascada por la espalda hasta las caderas.
Carraspeó, no sabía que otra cosa hacer. Ella miró ligeramente hacia atrás, sin volverse y continuó mirando a través de la ventana.
-¿Cómo te encuentras?
Suspiró silenciosamente para que ella no se diera cuenta, pero le había quitado un peso de encima al romper el silencio de dos desconocidos que se juntan por causas del destino.
-Bien - vaciló - o al menos eso creo. Hay muchas cosas que no recuerdo, ni siquiera haber llegado hasta aquí.
Por fin se giró hacia él, avanzó un par de pasos hacia la cama y se paró, sonriendo unos breves segundos, se abrazó a si misma y mantuvo las distancias.
El olor a manzana que salía de la piel de ella llegó hasta él, que inspiró en profundidad y se removió inquieto bajo las sábanas.
-Me lo pusiste un poco difícil, andabas medianamente bien hasta llegar aquí y traspasar la puerta. Me tuvo que ayudar el mesonero a subirte. Te vi una herida un poco fea en el costado al tumbarte en la cama, no me había dado cuenta antes porque la tenías seca y con costra, pero se abrió cuando te movimos.
Se abrazó un poco mas a si misma y miró hacia el suelo, avergonzada. Él salió de debajo de las sábanas y se dio cuenta de que iba desnudo cuando ella intentó que no se incorporara.
-¡¡Espera, espera!! - soltó una risa y se tapo los ojos de forma cómica mientras él volvía a taparse - no es que me de vergüenza verte, en realidad estas bastante bien, pero supongo que no esperabas encontrarte sin ropa; ya estabas así cuando te encontré en el bosque, te puse mi capa pero te la quite para lavarla cuando llegamos aquí. Al fin y al cabo metido en la cama no la necesitabas - Se encogió de hombros - El dueño de esto me dejo ropa para ti.
-Creo que necesito lavarme antes de ponérmela.
-Hay una pila con agua en la otra habitación - dio varios pasos sin saber muy bien que hacer o a donde ir - supongo que lo mejor será que baje y te de intimidad.
Él pareció salir de un trance y la miró.
-Si no te importa preferiría que te quedaras. - agarraba las mantas con los nudillos blancos. - Ni siquiera se como llamarte y has hecho mucho por mi, pero si no te importa quedarte, te estaría eternamente agradecido.
Ella asintió y fue nuevamente a la ventana para darle algo de espacio. Él salió sin pudor de la cama y buscó el agua.
-¿Me podrías decir como te llamas?
Se pasó la mano por el pelo y lo miró a través de la puerta abierta, sin remordimientos por observarlo lavarse. Él tampoco pareció sentirse cohibido.
-Podría mentir y decirte que no me acuerdo, porque en verdad tengo lagunas sobre quien soy - intentó sonreír, pero el intento quedó tan sólo en un amago de sonrisa. Clavaron los ojos el uno en el otro y los de ella, grises y tristes parecieron implorar - pero lo que recuerdo no me gusta ni lo entiendo ¿crees que podrías ayudarme poniéndome un nuevo nombre?
Asintió.
-¿Crees que será suficiente?
Ella negó con la cabeza.
-Pero a lo demás me enfrentaré cuando llegue.

Bajaron al cabo de un rato y encontraron jolgorio y baile entre los huéspedes. Él no se sentía cómodo y ella tampoco, de forma inconsciente los dos se dirigieron a la esquina más sombría y se sentaron. El Flautista los observaba apoyado en la barra, había tal mezcla en su sala que podría saltar la chispa en cualquier momento, aunque que aquellos dos no se separaran le resultaba, cuanto menos, curioso.
El volumen de la música subió como si seres invisibles tocaran flautas y cuerdas y el Flautista siguió contoneándose y sirviendo.
Un par de enanos alzaron apuestas y el resto grito vitoreando, Caperucita brindo con su acompañante, y lo sacó a bailar.
Ahí fue cuando nuestro hombre clavó los ojos en ella, en su pelo cobrizo y el reflejo rojo que ondeaba a su alrededor mientras bailaba agarrada del hombre con el chaleco de colores y ojos felinos.
Ambos se reían abiertamente, desinhibidos, pegados cuerpo a cuerpo.
La mujer de ojos grises vio como su acompañante cerraba los puños y sus nudillos se volvían blancos. La mandíbula rígida y los ojos totalmente fijos en la joven y su pareja de baile.
-¿La conoces?
No respondió y al ver su fijación le dio un meneo en el hombro que lo sacó de su obsesión. Cuando finalmente la miró, vio algo salvaje bailando en sus ojos oscuros, un ser distinto al hombre herido y frágil que se había encontrado y que parecía mantener una lucha violenta en su interiror.
-Vuelvo a preguntar, ¿la conoces?
Cerró los ojos y se tapó la cara con las manos, parecía atormentado.
-No. Creo -negó con un gesto de cabeza mientras sus labios se volvían rígidos -No lo sé. No tengo ni idea y aún así al verla he sentido que perdía el control, como si algo intentara salir de dentro de mi y quisiera ir a por ella.
La mujer enredó los dedos en el pelo de su nuca y le acarició la piel intentando calmarlo, al cabo de un rato los hombros se le relajaron y suspiró, pero no volvió a mirar hacia la improvisada pista de baile.
-He encontrado un nombre para ti. - dijo de pronto mirándola por el rabillo del ojo, como si aún estuviera avergonzado de su comportamiento anterior y no pudiera enfrentar su mirada gris.
-¿A sí? Dime.
Ella bebió de su vaso y le hizo un gesto al Flautista, que le guiñó un ojo y asintió.
-A partir de ahora serás Diya. - se encogió de hombros - no sé si será más bonito o más feo que tu nombre anterior. Significa luz, esplendor, y creo que te has convertido en eso para mí en esta nueva vida que estoy transitando entre tinieblas.
Durante unos instantes dejó los movimientos circulares en su nuca, pero los retomó al asimilar sus palabras y pensar.
-Me llamaban la Reina Malvada, es lo único que recuerdo bien - susurró - Así que, aunque tu nombre no haga justicia a mi anterior vida, creo que puede guiar con buenos pasos la nueva vida que estoy empeñada en tener. En realidad me llamaba Grimhilda. ¿Como debo llamarte a ti?
Él se estremeció.
-Si te digo que nunca he tenido nombre ¿me creerías? No recuerdo que nadie me nombrara, sólo que se atemorizaran al referirse a mí como una leyenda, como un algo que puede comérselos en mitad de la noche, en cualquier momento. -Finalmente la miró, agarró entre sus manos la mano libre de Diya y le sonrió - Aún así, llámame Daren.

El Flautista los interrumpió y sirvió las bebidas.

-¿Necesitáis algo más?
Ella negó con la cabeza, pero lo reparó para que no se fuera.
-¿Tienes lo que te pedí?
Él asintió. Arqueó la ceja mirando al hombre sentado a su lado y ella dio el consentimiento para que hablara.
-Las respuestas que buscas las puedes encontrar en la torre más alta de un castillo internando en el bosque del que salisteis. No bajes, sube siempre para encontrarlo, pero recuerda que a veces saber la verdad es doloroso y nos marca un camino en el que no se puede retroceder. Lo que descubras, hará de ti lo que te dejes.
- ¿Y él? ¿Cómo puedo ayudarlo?
Daren abrió los ojos pero no dijo nada.
-Su lucha es distinta a la tuya y aún así habéis entrelazado vuestros destinos, así que de alguna forma podrás ayudarlo a liberarse o condenarse; pero en el fondo, toda decisión depende de él. - miró hacia el resto de la gente y luego volvió a mirarla - No todos están hechos de magia como tú y quizás como él, por lo que vuestro interior tiene tanta luz y oscuridad como vosotros dejéis entrar.
Cogió los vasos vacíos y volvió a mirarla.
-Tenéis todo listo para salir cuando queráis - echó una mirada hacia los bailarines - aunque yo no me demoraría por lo que pueda pasar con tu acompañante, porque estos no parecen tener prisa.
-Ya te hice el pago, ¿te debo algo más por la advertencia?
El Flautista negó.
-Una manzana mágica es suficiente, guarda el resto y recuerda que te ayudaré en lo que necesites, pero no sólo vas cargando con tu destino, también cargas con el de él, al menos hasta que empiece a tomar decisiones. Sé prudente. - Le guiñó un ojo - La verdad tiene muchas caras y siempre depende de los ojos que la vean y las mentes que la vivan. Recuerda siempre construir la tuya y no dejarte llevar simplemente por la de los demás.
Se encogió de hombros, se fue sonriendo pero tras un par de pasos se volvió hacia ellos.
-De momento reconozco que sois mis favoritos, pero no se lo digáis a nadie. - Se llevo el dedo índice a los labios, antes de irse les sonrió.




lunes, 6 de enero de 2020

Seguimos vagando por este mundo perdido de fantasía donde castillos, barcos, magia, canciones, manzanas, etc, se mezclan, se pierden y resurgen.  

¿Te perdiste el comienzo?


¿No sabes dónde encontrar a los primeros personajes? 





Y ahora relajaros, la historia va a continuar....




CAPÍTULO 4 - CAMPANADAS A MEDIODÍA

Me probé el zapato y reconozco que me sentí tremendamente poderosa con el. Busqué en los alrededores el otro, no tenía claro si era mío o no, porque mi ropa era bastante andrajosa y aquél maravilloso zapato era elegante y encantador, pero no encontré el otro par por ningún lado, me gustaba mucho y decidí guardármelo hasta encontrar su igual.
Me dolía la cabeza pero sólo podía pensar en la necesidad de quitarme aquél vestido harapiento, lleno de zurzidos y parches para sentirme más, más ¿qué? No recordaba nada, pero tenía claro que no iba a verme así vestida para siempre.
Eché a andar, olía a mi alrededor el aroma a perfume caro, pensé que era caro porque uno barato era imposible que oliera así de bien y no dejé de preguntarme durante mi paseo a ningún lado, de dónde procedería el olor y porque no iba mejor vestida.
El zapato iba a buen recaudo en uno de los pliegues de aquél vestido tres veces mas grande que yo ¡me sentía tan incómoda!
Una melodía empezó a sonar y aunque no la conseguí identificar me atrajo y tras una buena caminata, alcancé a ver una posada en mitad de un claro de árboles del que salía un seductor humo de una chimenea, aquella música tan extraña y de vez en cuando el sonido de alguna conversación e incluso una risa acompañada de algún silencio. Me acerqué refunfuñando por dentro, no estaba totalmente convencida de que aquél fuera el lugar donde debía estar, pero puestos a empezar por algún lado, mejor aquél que seguir dando vueltas por el bosque a ciegas.

Empujé la puerta y apenas un par de caras se giraron al sonido de las campanillas. Eché un vistazo rápido antes de fijar la mirada en el suelo. En algunas mesas se hablaba con jovialidad, en otras solitarios bebían o miraban hacia algún punto sin estar totalmente presentes en la posada. Me senté en la barra y miré de forma un poco más descarada; me llamó la atención la capa roja que cubría los hombros de una muchacha esbelta y dicharachera que parecía coquetear con un hombre de mirada felina, también el brillo dorado de las alas de una hada pequeña que revoloteaba de aquí para allá. Algunos me daban escalofríos, como el tipo alto de la esquina que hablaba con un pájaro de colores, llevaba un bastón dorado que me hizo pensar en todo lo que podría conseguir por el si fuera mío y no suyo. Me sentía fuera de lugar.

-¿Qué buscas?
Pegué un salto en el taburete y me volví hacia el hombre que me hablaba tras la barra.
-¿Disculpa? - ante todo modales.
-Sólo me pregunto que buscas entre toda esa gente.
Me encogí de hombros.
-Sólo observo lo que traen con ellos, parecen sacados de reinos lejanos o lugares exóticos.
-¿Y tú de dónde sales? ¿que traes contigo? - preguntó tendiéndome una cerveza. No la miré muy convencida - Si no tienes nada que perder, acepta lo que te ofrecen.
Pegué un trago e hice una mueca, no estaba especialmente bueno, pero tampoco estaba malo.
-No sé de dónde vengo y he traído poco conmigo.
El hombre se puso a secar algunos vasos más, ojeando a todo el mundo y pendiente de lo que yo le decía. La música seguía sonando en alguna parte y resulta relajante uniéndola al calor de la estancia y el murmullo de las conversaciones.
Se inclino hacía mi mientras apuraba la bebida y me servio otra.
-¿Y que quieres conseguir?
Lo miré frunciendo el ceño y me bebí de un trago la nueva cerveza. Me sentía aún más relajada, como si cada una de las ideas que se me cruzaban por la cabeza fuera maravillosa y a la vez todo me divirtiera.
-Quiero conseguirlo todo - le dije levantando el vaso indicándole que me lo llenara de nuevo - Pero aún no tengo claro como puedo hacerlo si no soy nadie.
El posadero sonrió mostrando muchos los dientes.
-Si no eres nadie, entonces puedes llegar a ser cualquier cosa que quieras ser. Sólo necesitas motivación y estar en el momento y el lugar adecuado.
Me sentía intrigada, lo observé alejarse para prepararle un combinado a la mujer de la capa roja y miré descarada al resto.
Podía ser quien yo quisiera, pero para serlo necesitaba dinero o influencia. Volví a mirar al camarero ¿me podría ayudar él?
Cuando volvió le pedí que me sirviera otra y puse los codos sobre la barra.
-¿Cómo me puedes ayudar a conseguirlo todo y cómo puedo pagarte por tu ayuda?
Él también se sirvió una, me sonrió y bebió.
-Para conseguir poder...- colocó el dedo indice sobre sus labios golpeándolos suavemente a cada segundo, después me enseño tres de sus dedos y los movió frente a mi- te podrían venir bien tres cosas: una es sencillamente oro; la segunda que alguien realice tus deseos y la tercera...magia para ti y a tu disposición.
-¿Recomendación de la casa? - apoyé el mentón en la mano y por primera vez desde que desperté me sentí dueña de mi misma.
El hombre se enderezó sin perder la sonrisa, parecía encantador y terriblemente inteligente; hizo un pequeño baile siguiendo una melodía que sólo existía en su cabeza y me cogió la mano para besarla.
-Yo no recomiendo, pequeña reina perdida, yo ofrezco opciones y cada uno elige aquello que mas le conviene; a cambio de tarifas razonables, claro esta.
-No tengo nada... - pero sentía el peso del zapato en el pliegue del vestido.
Él sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.
-Digamos que puedo quedarme en préstamo ese zapato de cristal tan bonito que llevas ahí escondido. Si no consigues lo que quieres, pasará a ser mío. Pero si consigues todo aquello que tienes en esa preciosa cabecita tuya, te lo devolveré a cambio de un favor u otra cosa que quiera de ti llegado el momento.
Fruncí el ceño.
-Iré a ciegas, sin saber que me exigirás después.
-Igualmente vas ciega ahora; al igual que yo contigo.

Me crucé de brazos, bebí nuevamente, me removí inquieta y finalmente saqué el zapato y lo coloqué sobre la barra.
-Cuéntame esas opciones, dame algo de comer que estoy famélica, déjame pasar la noche aquí y dame ropas más cómodas para el viaje que estoy a punto de comenzar. Dejo esto a tu cuidado, pero ten por seguro que volveré a por el.
Me dedicó una reverencia, pasó el dedo por el cristal pulido y brillante del zapato y miró fijamente mis ojos.
-Me encantan las mujeres de objetivos claros y exigentes. No hay forma más fácil de conseguir oro que vendiendo las escamas de una sirena en el mercado negro. Pero si prefieres que alguien acate tus ordenes y deseos más profundos, una lámpara deberás encontrar y frotar, eso si, ten cuidado con la letra pequeña; los genios son siempre engañosos. Y la magia ¡¡aaay querida reina!! quizás esa es la opción más compleja si no la posees tu misma, porque deberás engañar a una bruja para que te ayude, o deberle, tal que a mi, un favor; o quizás encontrar a un mago o hechicero y hacer que sus objetivos sean los tuyos - guardó el zapato mientras pensaba en sus palabras - el camino de la ambición es oscuro, no lo olvides.

En algún rincón de aquél antro sonó un reloj marcando las 12 del mediodía.
Algo se removió dentro de mi, como si ese sonido despertara un recuerdo que no conseguía ubicar. Sacudí la cabeza.
-Tome la opción que tome, ¿me ayudarás?
Asintió.
-Para eso estoy- Me tendió la mano- puedes llamarme Flautista.
Sin saber a ciencia cierta si estaba tomando la decisión correcta, le tendí la mía y se la estreché con fuerza.








































martes, 31 de diciembre de 2019


No encuentro mejor forma de acabar el año que escribiendo y poniendo sobre la mesa del año que estamos a punto de comenzar, un nuevo proyecto. Para que veáis que me lo tomo en serio y que es de verdad, aquí os dejo con algunas líneas que nos introducen un poco más en la historia de nuestros personajes de cuento.
¿Los reconoces? Deja tus comentarios más abajo y recuerda que todo esta protegido por los derechos de autor.





CAPÍTULO 1 - DE MANZANAS Y LOBOS


Miré a mi alrededor, había caído redonda entre hojas y ramas secas, las manzanas del cesto habían rodado por todas partes y notaba en la cabeza una bruma que no me permitía centrar ni pensamientos ni ideas.
Me puse en pie, que no recordara que hacía allí no implicaba que no supiera que había magia oscura en esas frutas; las volví a meter en el cesto, sacudí las ropas y la capa y comencé a andar.
Los árboles eran retorcidos, el sonido del bosque se abría paso en mis oídos y me gustaba, como si una parte de mi formara parte de todo aquello y no me importara no saber ni recordar datos sobre mi misma que debería preocuparme no saber.
Me paré frente a una casa pequeña ubicada en un claro lleno de hierbas y arbustos floridos. Di unos pasos hacia ella, parecía que algo dentro de mi me acercara a aquél lugar que desconocía. Sacudí la cabeza, en realidad no tenía ningún motivo de peso para ir hacia allí, ni siquiera parecía un buen lugar, demasiado básico y vulgar ¿qué podría tener de interés? Le dí la espalda, sentía la magia rodeándome en la brisa ¿Porqué lo sabía? Que mis pensamientos estuvieran perdidos entre niebla, no significaba que no supiera cual era mi esencia y al igual que sabía que había dado la espalda a algo importante, tenía claro que no quería ir hacia allí y no pensaba hacerlo. Y ahora ¿hacía donde?
Oí un aullido de lobo que acabo convirtiéndose en un grito de dolor y el destino o la curiosidad me llevó más adentro del bosque, dónde apenas se filtraban los rayos de las primeras horas de la mañana y la humedad ascendía por la tela de mi capa.
Un movimiento de matorrales, la tierra que crujía bajo el peso de algo o alguien que se movía en algún punto por delante de mi. No sentí miedo, como si aquello no fuera conmigo y sólo quisiera saciar una curiosidad fugaz que dejaría de atraerme nada más la descubriera. Aunque tristemente...tristemente no fue así.

Estaba cubierto de barro, sacudí la cabeza y puse los ojos en blanco. Supe en cuanto la idea me cruzó la mente que aquella decisión iba a complicarme la vida, me encogí de hombros, o quizás la hacía más divertida.
Lo ayudé a incorporarse, el pelo le caía por delante de los ojos manchado de barro, no llevaba ropa y tiritaba, le puse mi capa por encima, tapándole como pude. Levantó los ojos apenas, parecía avergonzado, pero vi el color oscuro de sus iris y sus pestañas espesas.
- Venga levanta, no tenemos todo el día para estar aquí con este frío y no tengo ni puta idea de hacia donde deberíamos ir.
Volvió a mirarme y durante un segundo pareció que esbozaba una sonrisa, después escuchamos música y echamos a andar hacia ella sincronizados.



CAPITULO 2 - LA LOCURA NO ES OPCIÓN, SI NO ESENCIA


Abrió los ojos, lo último que recordaba era estar buscando un libro de la estantería y ahora estaba boca arriba en el suelo cubierto de esos mismos libros, con la escalera de mano a un lado y su sombrero de punta doblado a otro. ¿Qué demonios había pasado?
Se puso de pie y una nube de polvo salió de páginas sueltas y de la ropa que se sacudió; se preguntaba mientras andaba con sus piernas largas y huesudas que diablos buscaba antes de perder el conocimiento. Se colocó las gafas torcidas sobre la nariz larguirucha y comenzó a tararear una melodía que no paraba de resonar en su cabeza. Se asomó a la ventana, nada le daba pistas de su búsqueda, la mesita con una tetera, taza y el té ya frío, pilas y pilas de libros, un globo terráqueo que giraba sobre si mismo con suavidad y sin alterar la velocidad. Un búho que salía de una casita hecha de un tronco bostezando...
-¡¡Ahhh!! Arquímedes, si, si, de ti si que me acuerdo. ¿Qué se suponía que andaba haciendo yo?
El búho lo miró, sacudió las plumas y le dio la espalda.
- A mi déjame de cuentos viejo chiflado.
-Creo que estaba haciendo algo importante, algo vital, pero no recuerdo nada de nada. - Se masajeo la sien y tropezó con un maletín de color lila mientras andaba de arriba para abajo. - Creo que deberíamos salir de aquí. Aquí no voy a encontrar nada.
El búho se volvió a mirarlo de nuevo.
-¿Y qué se supone que andas buscando?
Miró a todos lados y volvió a darse con el maletín, se encogió de hombros y lo abrió, ahí metería todo lo necesario.
-No lo sé, por eso tenemos que salir. ¿Por dónde empiezo a empaquetar?
Arquimedes revoloteó lejos de él, al rincón más oscuro, alto y lejano.
-Conmigo no cuentes viejo. Yo no salgo de aquí.
Lo miró por encima de sus gafas torcidas, la barba y el pelo tan blanco en contraste con su piel oscura, ébano puro.
-Por los libros he de empezar y si tu no vienes por tus propias alas te meto en la maleta sin remordimiento alguno.
Libros, tetera, taza, escoba y platos volaron hacia dentro, Arquimedes refunfuño mientras se colocaba encima de la punta del sombrero puntiagudo del anciano y los dos salieron algunos minutos después, dejando dentro tan sólo alguna silla y unas pocas telarañas. Quizás volvería cuando encontrara lo que no recordaba que andaba buscando y si no encontraba nada, pues quizás volvería igualmente, aquél sitio parecía un lugar ideal para estudiar y tomar té. Cerró la puerta y dio una gran zancada mientras volvía a tararear aquella melodía que no conseguía sacar de su cabeza, miró a su alrededor cuando comenzó a escucharla a través del viento y las ramas de los árboles. Frunció el ceño.
- Es la misma melodía que tarareas viejo.
-Y no es casualidad gallina desplumada.
El búho pego un pequeño salto de indignación, pero Merlín no se inmuto y volvió a dar sus grandes zancadas para alejarse de la casa, iría hacia dónde lo llevara la melodía. No tenía nada que perder ¿verdad?


CAPÍTULO 3 - LA POSADA DE LOS DESTINOS PERDIDOS 

El flautista miró con orgullo el mesón, cogió el instrumento de la funda colgada a su cintura y se puso a tocar. Algunos personajes estarían despertando y otros andando como pollos sin cabeza sin saber que hacer o dónde ir. Aquél hechizo los privaba de ciertos recuerdos, pero no de aquello que eran en esencia, así que, ¿que mejor que atraerlos a algún lugar dónde se cruzaran sus destinos?
-¡¡Buena la has liado!!
Dejó la flauta funcionar sola mientras hacia caso omiso de Hada Madrina y entró a la posada mirando con vanidad el trabajo que había hecho en tan poco tiempo. Había habitaciones para huéspedes, cocina para los estómagos vacíos y en aquella sala tan grande zonas de luz y rincones más oscuros para que cada personaje de cuento encontrara el espacio dónde se sintiera más cómodo.
Se metió tras la barra, cogió la pizarra y se puso a escribir.
El Hada Madrina entró como un huracán, resoplando, colorada, pérdida y sin saber que pasos dar para encauzar aquellas historias que se habían salido del guión. El Flautista parecía tenerlo todo controlado pero a ella, que le gustaba cada cosa en su sitio se le habían desordenado hasta las ideas ¿y si los príncipes no acaban con princesas? ¿Y si ganaban las brujas? ¿Y si los bandoleros en vez de trabajar para el pueblo decidían volverse ambiciosos? Todo estaba descontrolado y ella fuera de control.
-Para esta locura Flautista ¡devuelve el orden a cada historia!
Él levantó la vista un segundo de la pizarra, después siguió escribiendo, carraspeó un poco antes de hablar.
-He comenzado el juego y he dado mis primeros pasos; muestra tus cartas Hada, demuestra que los malos son siempre malos, que los buenos son siempre buenos y que nadie puede cambiar. Demuestra que tus ideas preconcebidas del orden y la paz son mejores que las mías. Demuestra que tras el caos no surjen maravillas y que los deseos y las tentaciones sólo nos llevan a la destrucción y no a conocernos mejor a nosotros mismos. ¡Venga Hada! estoy deseando darle la vuelta a tus cuentos y hacer que brillen esos personajes de los que ni tu misma eres consciente del potencial ¡venga espabila! porque todas las manos que no juegues tú, las jugaré yo.
Volvió a mirarla y le guiño un ojo. Ella, frunciendo el ceño y bufando desapareció en un silencioso estallido.
El Flautista soltó el aire de los pulmones, se puso la tiza en la oreja y leyó una vez más lo que acaba de escribir. Después le dio la espalda a la sala llena de mesas y banquetas y colocó de cualquier manera el cartel sobre el mueble lleno de vasos de barro y botellas de alcohol.


Vaso de ginebra para ensombrecer certezas
Copa de whisky para ahuyentar dudas
Ron para ahogar esperanzas 
Tequila para enfrentar la cobardía 
Vino para el mal de amor
Absenta para olvidar los errores cometidos
Cerveza para aceptar las distracciones 
Vodka para los que andan perdidos

Combinados especiales para males mayores


Si no sabes dónde estas, si quieres un nuevo comienzo o un final diferente, pregunta al dueño. Algo podrás darle como moneda de pago. 
Volver a empezar esta en tus manos. 


Las campanillas sonaron al abrirse la puerta. Al Flautista se le iluminaron los ojos; cada pieza estaba estaba expuesta en el tablero y el juego ya no podía parar. Se volvió hacia la entrada y miró al viajero, el chaleco que llevaba encima de la camiseta blanca cambiaba de color entre el turquesa y el lila, sus ojos gatunos lo miraron con desconfianza pero igualmente entro. Se dirigió con seguridad a la barra y se sentó en uno de los taburetes, puso los codos sobre la mesa y mientras leía el mensaje de la pizarra su cola se movía y enroscaba tras de él.
-¿Qué te pongo?
El gato hombre sonrió y la sonrisa y sus dientes puntiagudos llenaron su rostro al completo.
-Parece que ando perdido...


























lunes, 9 de diciembre de 2019

Hace mucho tiempo que no escribo, la última vez desde la perdida de mi pequeña Kyria, pero creo que ha llegado el momento de volver.

Han pasado muchas cosas, tantas, que siento que crear y escribir me devolverán un poco a mi ser. Dar voz a la locura de mis mundos imaginarios y a los personajes que se amontonan en mi mente intentando ver la luz para exteriorizar todas las vivencias que me están formando.

Estoy de vuelta y con este regreso, doy la bienvenida a la sección de "arcón para curiosos" en la que pretendía contar leyendas e historias de diversas partes del mundo y que no llegué a inaugurar. Esa sección se mantendrá, pero esta noche doy luz a un subapartado:



EL ARCÓN DE CUENTOS PERDIDOS

Casa de Macha en la película Son of the Sea

Quizás estamos alrededor de una hoguera, al calor de una manta en el sofá, o sentados frente a las llamas de una chimenea, aunque no hace falta ponerse tan invernales, podemos estar tumbados en el césped mirando hacia la oscuridad del cielo, escuchando música en algún garito con algo de beber frente a nosotros ¿quien sabe? En realidad da igual, estas historias han llegado a ti por alguna razón, así que imagina que se han fraguado en una cabaña rodeada de agua y brisa que huele a magia. En una noche cerrada, poca luz y muchas voces hablando a la vez en una cabeza que quiere descansar. Ponle algo de música de piano o blues a esa mujer que escribe en el ordenador y así sabrás quién soy en estos instantes. Ahora borra todo eso y métete en la historia que os voy a empezar a esbozar y que comienza con una apuesta ¿porque no? 

Cierra los ojos, cuando los vuelvas a abrir estaremos dentro de este nuevo mundo. 
Bienvenido al arcón de cuentos perdidos.


¿Recodáis el mapa del cuento de Peter Pan? Ese en el que se veía las lagunas de las sirenas, el campamento indio y media docena de puntos mas; bueno, pues ahora agrandar un poco ese mapa; si, si, sin miedo, imaginarlo en vuestra mente y añadir en lo más alto de la montaña más alta, en el pico mas nevado, justo dejando atrás el árbol del ahorcado, allí, entre hielo y ventiscas, podrás encontrar reinando con el corazón helado, a la reina de las nieves. 
Ahora enfocar un poco más hacia la derecha, cruzar la roca calavera e id hacia el puente que no se mostró en Peter Pan. Un puente que lleva hacia un bosque oscuro, donde apenas entra el sol, pero se escucha el aullido de un lobo cuando un reflejo rojo ondea en una tela entre las ramas y los arbustos.
Continuad, continuad, abrir vuestra mente y encontrar la torre custodiada por el dragón, en el cielo silba una alfombra y entre otros cientos de personajes, un cazador va en busca de un corazón joven. 

El universo de los cuentos es así, esta todo entrelazado en un popurrí de colores e historias sin unión. 
Cada aventura vive apartada de las demás, apenas si se rozan susurros de maleficios, ni siquiera el viento arrastra a otros mundos canciones o aromas de manzanas, venenos o el sonido del metal rajando la madera de un barco con olor a ron. 
Pero y si... ¿Y si alguien, por ejemplo los polos opuestos de las historias, en una apuesta que surje del azar y el aburrimiento, hicieran caer las barreras invisibles de los cuentos? ¿Qué pasaría si los personajes de unos mundos se vieran e interactuaran con los personajes de otros? ¿Sus destinos seguirían igualmente escritos? ¿O los finales no serían tan felices y de perdices? 

El flautista de Hamelin resopló mientras se cruzaba de piernas en la esquina de aquél mundo de fantasía a punto de cambiar. 
Miró a la mujer y carraspeo antes de hablar:

- Tus finales felices son una mentira. Tus amores predestinados, querida Hada Madrina, una farsa. 

El Hada revoloteaba alrededor. Poco se había indagado en el personaje del flautista, que era un brujo creador de tentación. Sólo necesitaba de la melodía de su flauta, simplemente tararear o silbar, unos movimientos de manos y dedos y cualquier hechizo que el deseara caía sobre su presa. 

- No dices nada mas que sandeces.
-¿Si? -empezó a moverse como si bailara, se encogió de hombros como restandole importancia a lo que iba a decir - ¿Y si los saco de sus mundos y sus burbujas perfectas? ¿Que pasaría si los saco del guión que les has hecho creer y les doy la oportunidad de ser cualquier otra cosa? Una nueva opción para ellos, un nuevo camino que descubrir...
- El amor siempre encuentra al amor. Los malos siempre son malos y los buenos... - Dijo ella cruzada de brazos. 
-¿Segura? Tus malos que son malos sin motivos de peso, tus buenos que no saben hacer otra cosa que esperar que les llueva la mierda - puso los ojos en blanco - y por esa regla de tres, también la suerte porque les has dado vidas enlatadas sin objetivos que les hagan crecer. ¿Estas segura de que no serían cualquier otra cosa? ¿Qué no decidirían andar por senderos más oscuros, mas tentadores, más atrevidos? 

El Hada se sentó junto a él. 
- Creo, que por mucho que se perdieran volverían a su destino y volverían a ser quienes son. 
- Tu invención - le acusó.
El Hada Madrina sacudió la cabeza con sonrisa de suficiencia, como si supiera cosas que el Flautista ni siquiera imaginaba. 
- No cariño, no son mi invención, son la imagen del mundo real. Buenos o malos. A todos les mueve el amor, del tipo que sea. No hay nada más.  
Le dio unas palmaditas en el hombro y volvió a mirar aquél mundo tan grande y pequeño a la vez que se extendía bajo ellos. 
-¿Probamos? - insistió él. 
El Hada se encogió de hombros. 
-Nada cambiará realmente.
Y antes de que añadiera nada más, el Flautista se froto los dedos y silbó. El Hada Madrina abrió mucho los ojos, no acabándose de creer lo que estaba a punto de ocurrir, pero ya era tarde y ella lo sabía; cuando una melodía comenzaba, por pequeña que fuera, el hechizo también lo hacía. 
Este era de color lila, de aspecto sedoso, era la magia del silbido materializándose y creciendo por encima de aquél mapa lleno de personajes ajenos a lo que ocurría por encima de ellos. 
Descendió como la niebla y se expandió como las olas de un mar lleno de fuerza. Los fue alcanzando uno a uno hasta que todo quedó invadido por ese extraño sortilegio que iba a cambiarlos a todos. 

El Flautista sonrió mostrando los colmillos, el Hada se tiró del vestido avergonzada. 
El resto de personajes simplemente cayeron en un profundo sueño. 





















lunes, 6 de mayo de 2019

Es difícil volver aquí después de tantos meses y hacerlo por la necesidad de escribir de una pequeña lucecilla que lleva acompañándome 14 años casi 15.

Se nos han ido tres perros en tres años consecutivos.
La edad, la pesadez de las enfermedades y la falta de fuerza no lo hace más fácil.
Al igual que con Bayron y Sholty, la pista del final ha sido la respiración y anoche me metí en la cama oyendo su esfuerzo y sabiendo que si amanecía igual, nos ibas a tocar decidir sobre el destino de nuestra rubia, y que difícil es hacerlo, sobre todo para poner el punto y final.

Amanece y me despierta el ruido, saber que se está ahogando es duro, pero le damos un paseo a los más jóvenes y aún hablamos como si existiera una opción. Pero sabemos que no es así, lo tenía claro desde la noche.

Kyria no se parecía a ninguno de los otros, parecía vivir a la sombra del gran oso y de solete, pero no er así. Tenía su forma única de atraer tu atención, aunque la mayor parte del día pasaba olímpicamente del mundo y de lo que existía a su alrededor. Vivía para comer y dormir.

Ojos pequeños y un brillo especial en ellos cuando te ladraba y tenía esos puntazos tan graciosos y tan suyos. Odiaba que le hicieras fotos y siempre se quitaba. Era una mala influencia en los paseos si los galgos pasaban en bicicleta junto a nosotros, pero si la soltabas para que corriera detrás, lo hacía hasta que se daba cuenta y en mitad del camino se volvía y nos miraba entre indignada y divertida moviendo el mini rabo que tenía. También era un poco cerdita.
Valiente, eso si y se achuchaba de una forma muy dulce a mi pecho cuando la llevábamos al campo en el coche.
Rápida para robar comida, con un instinto nada adormecido por las comodidades de casa, para robar comida. Caminaba de forma muy pizpireta, siempre quería ir la primera.
Nuestra rubia tenía un cuerpo desproporcionado, orejas de murcielago y una cara pequeña con unos ojos llenos de brillo, aunque la edad, se los pintó de blanco.

Kyria, de Valkyria, nuestra pequeña vikinga que superó al gusano del corazón. Nos conquistaba con su ladrido, su pequeña locura y la forma de disfrutar cuando le rascábamos.
Muchos años, pero siempre parece que faltan, como si el tiempo regalado se nos quedara corto.
Cómo si en realidad no fuéramos agradecidos con todo lo que hemos vivido.





lunes, 22 de octubre de 2018



No me he bajado del carro queridos lob@s y bruj@s, es que voy con un par de días de retraso. 
Aún así, aquí os dejo la tercera semana. Espero que la disfrutéis.


 
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